Edición 353

Un terremoto institucional

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El próximo 30 de octubre será un día en que debería darse un terremoto institucional en Colombia. Aunque se está volviendo una frase de cajón la de pedirle a los ciudadanos, antes de las elecciones que elijan propuestas, las mañas e ignorancia electorales siguen presentes.

Es un lugar común pedir que se elija bien, a la mejor propuesta, a la que solucionará en parte los problemas que aquejan a las ciudadanía desde hace décadas; pero abundan los discursos marketineros políticos, es decir frases lindas pero huecas; promesas irrealizables y hasta farónicas, y mucho de politiquería, es decir compra y venta de votos, a cambio de teja de zinc, bulto de cemento, o plata contante y sonante, el nuevo combustible de la corrupción electoral.

Así que uno como ciudadano se queda parado en medio de tanta confusión y digámoslo claramente, da una mamera tremenda acercarse a las urnas a votar. No hay una formación política no de valores desde la infancia ni el colegio, mucho menos la universidad, y se vota por moda, porque el candidato es un "papito", o es vieja y promete empelotarse en una revista caliente del país, como ya pasó en las elecciones para Cámara el año pasado.

Qué utópico creer que una generación de jóvenes comprometidos haría el gran terremoto institucional que merece Colombia. Pero los grupos armados, de narcos y de negociantes, siguen prostituyendo la política y comprometiendo el futuro. Por eso, la labor de los medios independientes como Buque de Papel, es la de lograr que la gente cuente con la información precisa sobre lo que hacen o dejan de hacer ediles, concejales, alcaldes, gobernadores, diputados, en especial, a los que elegiremos el 30 de octubre para nuestras localidades y para nuestra capital.

Uno mira las vallas publicitarias y se ve a los mismos, que seguramente saldrán con las mismas, porque convirtieron a la política en su forma de vida, de ingreso, de promesas vanas, de amarrar votos por puestos, o por plata. Basta un breve recorrido por Engativá, Fontibón, Bosa, Kennedy, Suba para darse cuenta que los mismos vuelven a lanzarse con las mismas. Y la gente, borrega y amarrada, vuelve a votar o a dejar votar por los mismos. Ahora, tienen sonrisas prefabricadas, frases huecas y promesas irreales. Pero los problemas, empezando por la ciudad, siguen siendo los mismos: inseguridad, desempleo, desorden, caos administrativo, desgobierno.

Por eso, este 30 de octubre, analice y en especial, pregunte cuánta plata y de dónde saldrá, cuestan las promesas de los políticos, que caen a veces en politiquería. Y el mensaje es no deje de participar, eso sí, porque hacerse el dormido o que no importe, es seguir hipotecando el futuro de nuestros hijos.

De otro lado, se llevó a cabo el simulacro distrital y primero nacional de un sismo. Presentaremos en esta edición una mirada de una universitaria en medio de lo que llamó "el terremoto perfecto" y critica la anunciación del mismo ejercicio preventivo, porque todo el mundo se lo tomó de recocha.

Colilla. Murió Julio Mario Santo Domingo, segunda generación de grandes empresarios del siglo XX en Colombia y responsable de empresas en su momento poderosas, como Bavaria, Avianca, Caracol radio y Caracol TV. La mención no es para condolernos, como ya lo hizo el país institucional, sino para recordar a un hombre que permitió concretar sueños, como el de Radionet, cadena 24 horas de noticias. Su visión mediática lo llevó a poner y mantener presidentes (no quitó a Samper) a través del gran poder que logró con los medios de comunicación, como Caracol radio, en su época dorada con Yamid Amat al frente, y con este periodista, permitió desarrollar a Radionet y al hoy Canal Caracol. Como todo hombre de negocios y poder cometió errores, como permitir y llenar a sus empresas de corbatas y ejecutivos que desplumaron la ganancia y se dieron la gran vida, incluso, corruptas, como el sonado escándalo de desfalco en Avianca, comenzando los 80, la crisis de la cervecera más grande del país y su venta, y la posterior cesión de su Caracol radio al grupo Prisa, de España, hecho que él mismo aceptó como una pifia. No obstante, le metió mano a El Espectador, y por eso sobrevive este medio tradicional.

Santo Domingo fue un hombre de visión, poderoso, que influyó en la vida económica, política y social de Colombia, y que ya retirado y cedido sus negocios a la tercera generación de la familia, vivía en un Nueva York que lo acogió como hijo propio. Paz en su tumba.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.