Edición 374

La universidad no cabe en una mano miope

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Durante mi estadía en la ciudad de verde prado, palmas en las avenidas y flores, montañas azules y cielo con bucles blancos llegó a mis manos el periódico El Mundo. Un día me sorprendió con una hoja separata con las palabras más usadas del vocabulario de nuestra tribu ancestral Copán. Y el día siguiente en el Editorial, viernes 7, me encontré con el ránking QS de las 100 mejores universidades de Latinoamérica. En realidad se tuvieron en cuenta 200 para el estudio de calidad, pero se publicaron los puestos de las 100 primeras.

La universidad no cabe en una mano miopeInteresante que en un tabloide sus pensadores se preocupen por escudriñar el intestino de la educación que ofrecen nuestros centros máximos de ciencia, tecnología y desarrollo de estos países que sufren por estar en un atraso milenario.

¿Se preocupan acaso sus directivas, sus Consejos Superiores, sus rectores por ocupar un lugar eminente en la escala de medición? ¿Su calidad se mide por el número de profesores con magister o doctorado y extranjeros, por las líneas de investigación monitoreadas por Colciencias, por los equipos y laboratorios donde se trabaja en dar respuesta a las necesidades del país, por los premios recibidos por artículos científicos publicados en revistas especializadas o por el número de becas que otorga la empresa privada o el número de estudiantes por profesor? ¿O se mide por el número de pisos de la sede, por el número de alumnos matriculados, por el estrato donde funcionan o si sus alumnos alcanzan a llegar a un ministerio o a la gerencia de una petrolera o se fugan al extranjero?

Se pueden contar con menos de los diez dedos de la mano las Universidades bien calificadas en Colombia. Los Andes, 6ª y la U. Nacional, 9ª entre las 10 primeras, luego la Javeriana, 23ª, la de Antioquia, 27ª, la del Valle, 54ª, el Rosario, 62ª, la del Norte, 77ª y la Industrial de Santander, 87ª. No podemos estar reídos porque Argentina, 8ª, solo tiene en el ranking una sola casilla en los primeros lugares, Brasil con la Sao Paulo 1ª y 3ª y 10ª, México con la UNAM 5ª y Monterrey, 7ª, Chile 2º y 4º y Colombia ocho entre las 100, pero casi todas cobran como si fueran de primera línea y pagaran muy bien a sus docentes e investigadores. Ninguna universidad latinoamericana figura en el ranking de las 100 mejores del mundo. La de Sao Paulo ocupa el puesto 102.

¿Cuántas universidades tiene Colombia? ¿Cuántas son privadas y cuántas ofrece el Estado? ¿Cuánto debe gastar una familia de dos o

tres hijos para llevarlos a la Universidad? ¿Cuántos profesionales se gradúan y no ingresan al mercado laboral? ¿Están por fuera de las necesidades sociales, tecnológicas y comerciales las carreras que se ofrecen en las universidades? ¿Los futuros profesionales están preparándose para una nación inexistente, que no tiene industria suficiente, que no remunera decente y justamente? ¿Están saliendo de las aulas doctores con cartón de mentirijillas que no aportan en absoluto soluciones a los problemas de la sociedad?

Un indicador de lo mal que estamos es que muy pocos jóvenes puedan ingresar a la Universidad. Pero hay otros indicadores más graves. Que quienes ingresan no pueden desarrollar su potencial, que las universidades los entregan a la sociedad sin herramientas científicas adecuadas, que el país no tiene un mercado pujante que los ocupe y que el pago que reciben los nuevos profesionales sea un salario algo superior al mínimo. ¿Qué poco estímulo, qué panorama tan sombrío el del próximo futuro en lo que se llama pomposamente la "educación superior".

Todavía los medios se preguntan si la protesta de los estudiantes a nivel nacional es procedente. Si la protesta es un instrumento válido para buscar soluciones. ¿Hasta cuándo callar nuestras vergüenzas? Si las ministras y los rectores son mudos espectadores y se contentan con ostentar el puesto y ganar su sueldo. Cuando la olla pitadora suena es porque está caliente y la comida blanda. Aquí la educación indigesta y está cruda. Y es bueno que la olla pite... y ojalá no estalle.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.