Edición 353

El día sin carro en Cali

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"El día sin carro", puede ser una etiqueta, una propaganda política, una frase folclórica y sin contenido claro. Se nos ha vuelto un pretexto o fuego fatuo para alardear de amor por el ambiente.

Un día entre 365 la ciudad, el país o el mundo piensan románticamente en la problemática tan seria que aqueja al globo donde vivimos. El alcalde decreta el día sin carro y los particulares deben acatar la incomodidad de no sacar su coche a correr por la ciudad. No hay posibilidad de hacer otra cosa, pues vendría la sanción y la inmovilización del vehículo. ¿Cuándo la autoridad decretará "un día sin talar árboles" o "un día sin contaminar el agua"?

Colombia es un país tropical, sus habitantes obran por reflejo, sin convencimiento por estas causas. Si el ojo de la autoridad parpadea por un instante la norma se viola. Y aquí se parpadea mucho. No hay conciencia ambiental ni en la autoridad encargada, ni en el gobierno, ni en el ciudadano corriente, ni en las instituciones privadas. No hay políticas consistentes, estrategias definidas en materia de contaminación ni de tala de bosques o de extracción de minerales, ni siquiera de selección y recolección de basuras domésticas.

¿Cuándo comenzaremos a ocuparnos cada día de cuidar nuestros recursos ambientales, a tener hábitos para tener limpia nuestra cuadra, nuestras calles, nuestra cocina? ¿Cuándo gastaremos menos agua cuando nos bañamos o aseamos nuestros dientes o dejaremos menos residuos si salimos a comer en restaurantes?

¿Cuándo dejaremos de usar nuestro carro por propia iniciativa para hacer las diligencias cerca de casa o al otro lado de la ciudad? ¿Cuánto hemos pagado en impuestos para que haya un Metro en Medellín, Transmilenio en Bogotá, Mío en Cali, Metrobús o Metrolínea en otras ciudades y nunca hemos viajado en ese sistema rápido, confortable y económico? Nos falta educación, civismo para captar lo que significa cuidar el ambiente, el agua, la tierra, el aire puro.

Esta mañana no nos despertaron los miles de carros particulares ni las motos con sus ruidos a las 7:00 a.m. Se oyeron los cantos de los pocos pájaros de los escasos árboles cerca a nuestra ventana. La contaminación que arrojan los exostos de 750 mil carros cesó y el aire que se respira por un día en el año fue más sano. La agresividad por los trancones y porque se nos atraviesa o se adelanta por la derecha un auto o una moto no la sufrimos apenas por 12 horas en el año.

El orgullo de exhibir en la oficina o por la calle nuestro carro nos impide bajarnos de él y utilizar los modernos y ordenados buses articulados que usan los empleados, obreros y gente sencilla. Parece que fuéramos de otra carne y otra clase de seres humanos y que untarnos de pueblo fuera un pecado o una afrenta. Parece que la gente amiga se burlaría y que llegaríamos oliendo a ajo y que hablaríamos luego con carajos y obscenidades (¡!).

En Europa, continente viejo, ya aprendieron. Allá no necesitan un día especial para dejar el carro en casa. En Holanda, Alemania, Bélgica, Austria entre semana muy poco se ven por calles y autopistas automóviles y motos. Sus dueños van al trabajo a pie, en bicicleta o usan el transporte público igual que cualquier ciudadano. Por tener y usar carro propio no se es mejor intelectual ni ser humano. Y se vive con más tranquilidad, se necesita menos petróleo y el ambiente que se respira es más saludable. Parece que parar un día nuestro carro fuera una excusa para contaminar el ambiente todo el año.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.