Edición 359

La tortura de intentar volar

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Intentar volar a tiempo, sin demoras, con tranquilidad y sin estrés es cada vez más improbable en el mundo globalizado y cuyo vehículo por excelencia, la aviación comercial, está viviendo la peor de sus crisis. Ejemplo: un viaje de trabajo -en la estatal Satena- a Tumaco, Nariño, tuvo 14 horas de retraso, ida y vuelta.

La tortura de intentar volarUn problema mundial, que también le pasa a los ricos: el actor estadounidense Alec Baldwin está en el ojo del huracán, y hasta fue expulsado de un avión, porque se atrevió a exigir respeto por sus derechos como consumidor y pasajero en la poderosa American Airlines, que también les tomó del pelo muchas horas en un vuelo nacional. Baldwin se negó a dejar de jugar con su celular abordo, como protesta, cuando la azafata le pidió que lo hiciera. Según informes de prensa, el actor dijo que el nivel de servicio de las aerolíneas estadounidenses se ha deteriorado. "Aviones sucios, alimentos apenas comestibles, suspensión de los recorridos a destinos menos frecuentados", dijo Baldwin.

Ya en mi caso, todo comenzó el martes 13 (dice el adagio que ni te cases ni te embarques; o los aviones no tienen el puesto 13) cuando debía abordar dos aeronaves para llegar al litoral extremo del Pacífico

colombiano, en Nariño, frontera marítima con Ecuador. Trabajo en la Universidad Nacional e íbamos a realizar el cubrimiento de tres grupos de trabajo para la construcción de la planteada futura sede del alma mater.

Hasta Cali, con un retraso leve, todo bien. El vuelo era a la una y media de la tarde y ya estábamos en el Alfonso Bonilla Aragón, de Palmira, a las 11 de la mañana. Y ahí comenzó Troya: una de mis maletas fue destrozada por las "ratas" de la rampa y ladrones que dicen trabajar en equipajes y que aún subsisten. No me robaron nada pero los pedazos del maletín y la ropa tocó echarlas en una bolsa plástica transparente que me dio la compañía como compensación provisional.

Y una vez en el counter de Satena, la aerolínea estatal de la Fuerza Aérea Colombiana y que viaja a donde otras no lo hacen, el día se siguió oscureciendo. La notificación de sus funcionarios es que "había retraso, por el mal tiempo en Medellín; una o dos horas más". Pasó el tiempo y a las dos horas dicen que el avión estaba dañado, que necesitaba un repuesto que traían –por vuelo- de Bogotá; que otra hora o dos; que los pasajeros a Guapi, Cauca, no habían almorzado; y poco a poco se constató lo que sucedía: sólo tenían ese avión de turbo hélices, dañado o no, para recorrer media Colombia, haciendo honor a su eslogan. De Guapi luego pasó a Puerto Asís, Putumayo; de allí regresaba a Cali y ahí sí nos embarcaban. Finalmente a las siete y media de la noche, casi siete horas después del itinerario programado, decoló hacia Tumaco, donde arribamos 50 minutos después. Para nosotros pasó la mamera de esperar y perder todo un día de trabajo, pero para quienes viajaban de Cali a Medellín, la tortura significó dos horas más: la hora de regreso a Cali, y en el mismo avión, viajar a la capital antioqueña.

De nada vale reclamar, emputarse, volver a recriminar y de nuevo salirse de los chiros: con una parsimonia e importaculismo enormes, los funcionarios sólo atinan a decir que es lo que hay, no hay más aviones y

no pueden hacer nada más, que intentar sonreír y calmar a la gente. En verdad no tienen más que hacer, si no repetir las mentiras de lo peor de las aerolíneas: sobreventa de tiquetes, un solo avión mochileando por todo el país, con la misma tripulación. Y luego preguntan porque hay accidentes (Acordarse de la extinta aerolínea West Caribean y su avión bimotor estrellado en Providencia o del jet accidentado en Venezuela, con cientos de muertos. Se comprobaron las fallas antes expuestas).

Y de retorno, el jueves 15, pasa lo mismo. En el aeródromo La Florida de Tumaco, las muchachas de Satena nos dicen que hay atraso otra vez, por quien sabe qué mentirita forzada. El vuelo estaba programado a las 2:50 p.m. Que a las 4:30 p.m. decían cuánto más era la tardanza. Y teníamos conexión con Copa, desde Cali a Bogotá a las 7:25 p.m. Pasaron las horas y creció la tensión de perder el otro vuelo. Así que tocó mover influencias y lograr, con mucha suerte, cupo en Avianca, la otra aerolínea que vuela a Tumaco, con una diferencia de 100 mil pesos más en cada tiquete. Y ahora será la única: Satena llega hasta enero en el puerto nariñense. Es reflejo de la crisis que tiene a esta aerolínea en la quiebra, pese a los salvamentos que el Congreso ha aprobado. Cuando despegamos de Cali, con una hora de retraso más por el cierre de Eldorado por mal tiempo, la avioneta de Satena que nos debía transportar no había siquiera aterrizado. Hubiésemos perdido, sí o sí, la conexión.

Ahora dicen que a Tumaco llegará otra aerolínea extranjera, que no se sabe cuál (puede ser LAN, con su marca Aires) pero más costosa para la gente. Y viajar por tierra con los neoparamilitares "rastrojos" y las farc asesinando y secuestrando, imposible. Triste final para esta aerolínea que presta un servicio donde las comerciales no llegan, y a costos más asequibles para la gente. Las pésimas administraciones y la competencia desleal en la operación aeroportuaria la sumieron en la crisis de la que difícilmente salga. Y se perderán trabajos, como siempre.

Es desesperante intentar llegar a tu destino y sortear miles de obstáculos para poderlo hacer. Por eso, Buque de Papel, lanza una convocatoria pública para que quienes nos quieran contar su historia de retrasos, abusos, peleas, o hechos milagrosos para poder volar en Colombia o en el mundo, nos las envíen a Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla , o a http://www.facebook.com/buquedepapel

Estas historias serán publicadas en el portal y harán parte de un libro que sobre estos hechos tortuosos y del día a día, o fortuitos al poder viajar, cuando todo parecía imposible, será editado en 2012. Estas "historias de alto vuelo" serán una forma de poder expresarse.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.