Edición 375

2012: año de cambio

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Si creemos en las predicciones mayas, o al menos en su interpretación mediática y calenturienta, el mundo se acaba el 21 de diciembre del año que llegó, 2012. Pero si las miramos en su alcance real, como todas las profecías, es decir, en forma alegórica, vendrá un cambio grande en la vida como la conocemos.

Y no es para menos. El cambio climático ha obligado justamente a modificar las costumbres centenarias de comportamiento frente al clima, al medioambiente y a la relación con la madre natura: una muy desafortunada de depredación.

Desde hace décadas vivimos un verdadero apocalipsis (si nos metemos en creencias bíblicas) con la destrucción de millones de hectáreas de bosques, contaminación de ríos y mares, aniquilación de especies, mayor densidad poblacional y miseria que sigue empujando a millones de seres humanos hacia las últimas fronteras, donde multinacionales de oro y madera siguen con su agosto y nadie las detiene, como en el Chocó colombiano. Y ni hablar de la relación y destrucción de infancias, valores, y sociedades. Si esto no es el apocalipsis, no sé qué lo es. No se necesita un demonio de siete cabezas, o los cuatro jinetes, para darse cuenta de que la destrucción del planeta es sistemática y camina a pasos agigantados.

Pero mirando un poco más allá de lo que tenemos a diario, las voces de nuestros mandatarios bananísticos republicanos llaman a modificar, a cambiar nuestra relación con uno de los elementos más básicos y es el las lluvias o las dos temporadas invernales que tenemos aquí en el trópico nacional (todo el país, no es para menos). Santos y su cohorte nos invitaron a tener toda la paciencia del mundo y convivir con las lluvias-fenómenos de la Niña: y niño y sequía cuando lleguen que serán también extremas. Pero oh sorpresa: no nos dijeron cómo, ni si van a invertir millones de dólares en repoblar ciudades, cambiar asentamientos en zonas de deslizamientos y construidos donde no debieron hacerse nunca, o apartamentos de millones de pesos en las rondas de los ríos, donde crecen y recuperan el espacio que la ambición les robó. No nos dijo dónde están las leyes y aplicación de las multas, sanciones y cárcel para los urbanizadores piratas que siguen vigentes, pese a que creyeron que se acabaron con la muerte de Rafael Forero Fetecua.

Dónde la majestad de la ley y del Estado se aplica para los delincuentes de cuello blanco, como los Nule, que la sacaron barata y guardaron la mayoría de lo que se tumbaron en Suiza o en Panamá. (El robo se calculó en 300 mil millones, devolvieron 60 mil millones y pagaron una multa de 10 mil millones. ¿Y los otros 230 mil millones dónde están?) No nos dijo dónde están las leyes contra las CAR, nidos de burócratas y corruptos que pasan las que pasaron, se inundó medio país hace un año, se volvió a inundar el mismo, y no invirtieron un solo penique en obras de mitigación de riesgo. Bien lo decía en una entrevista con UNIMEDIOS de la Universidad Nacional, el experto y profesor del alma mater, Omar Darío Cardona: "la culpa no es del invierno o las lluvias; la culpa de los deslizamientos y muertos es de la mala planeación del país, de las ciudades y de la corrupción".

Así que viene un año de cambios fuertes porque sí hay que acomodarse a más lluvias o más sequía, en cambios inquietantes que pronosticaron cada 23 mil años nuestros indígenas mayas; pero no hay que acostumbrarse ni plegarse a los corruptos que nos siguen robando los sueños y el futuro para nuestros hijos.

Colilla: detendremos motores algunas semanas y zarparemos de nuevo a partir del lunes 16 de enero. No olviden enviarnos sus historias de esperas infructuosas o de milagro en aeropuertos, con el fin de publicar un libro el año que llega ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla ). Por eso dejamos esta edición con textos para disfrutar solos o en familia. ¡Felices Fiestas! Y un buen 2012.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.