Edición 353

Los palacios del pueblo

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Un palacio es una construcción suntuosa, como la que nos muestra Semana y EFE en China. Abarrotada de luces, adornos barrocos, mampostería fina en paredes, frescos millonarios al óleo y fotos enormes de héroes nacionales vivos y muertos, qué más da...

Salas y más salas con mesas monumentales para que puedan sentarse alrededor, en tronos de cedro decorado, presidentes, reyes, jeques, senadores, embajadores, ministros y arzobispos. También oficinas para secretarios, asistentes, numerarios, subintendentes, prensa hablada y escrita y TV. Largos pasillos por donde hacen lobby los lagartos. En todas las esquinas habrá cámaras de seguridad para que no se cuele el pueblo a fisgonear.

Ya verían ustedes que se me chispoteó la pluma y dije que para que el pueblo no se cuele. Lo dije. Y no fue un gazapo. Sí, señores. Incluyo en la palabra anterior al honorable género femenino, como dice la Academia. Los verdaderos "palacios" del pueblo estaban en la periferia, en los lugares más inhóspitos, eran las covachas de lata y cartón, en terrenos de urbanizadores piratas con el ojo cerrado de notarios.

Los palacios nacieron grandes desde la época de los faraones. Los hacían sobre lugares elevados para ver mejor desde las alturas. O, mejor, para ver como hormigas desde las almenas a quienes jamás entrarían a esos palacios. Los maquillaban tanto con riqueza y ostentación para que se parecieran a ellos.

También los escritores le hicieron eco a la magnificencia de los palacios y pusieron a vivir en ellos a las Hadas encantadas, los feos Ogros gordos y las Brujas. Y no estaban lejos de la realidad. Además de la decoración descrita ya, había en ellos espejos que cubrían paredes enteras para que pudieran verse la cara con sus dientes y sus garras afiladas. De allí salían volando murciélagos, cuervos, camaleones, alacranes y otras sabandijas. Nadie osaba acercarse a tales palacios porque eran de mala suerte.

¿Quién dijo que a los palacios llegan los minúsculos ciudadanos, los pobres y mendigos, el pueblo raso, mondo y lirondo? Solo eso se le ocurrió a Mark Twain que también escribió las memorias del joven Tom Sawyer. Fue pura fantasía de un loco muy cuerdo. Y no sólo llaman palacio del pueblo los chinos a este de la foto, sino que nuestros no tan honorables parlamentarios muestran por TV su recinto con el mote de "Aquí vive la democracia". Qué risa.

Desde tal palacio le dan palo al pueblo. En efecto, de allí salen volando rapidito las leyes que cargan de impuestos al pueblo, que disminuyen las penas e inventaron el principio de la oportunidad para librar a los grandes delincuentes de su condena. Allí se confabulan los beneficios que dan al traste con la salud, los salarios, los abstrusos algoritmos para calcular las pensiones y guardar las cesantías de los trabajadores comunes. Y, claro. Para elevarse sus sueldos, sus pensiones y la de quienes vegetan en esa sede de la "democracia".

Allí entran y viven cómodamente Santos, Palacios, Santa Marías, Cristos, Galanes, Angelinos y Querubinos.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.