Edición 365

El emporio maravilloso de Colombia

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Llega la noche para coronar el día. Después de la luz, los afanes y el cansancio la quietud se apodera del cuerpo y busca asilo el citadino en los abrazos de la amada, de los hijos. Es la hora de quitarse el traje sudoroso, andar en pantuflas, tomar un buen café y mirar TV en el menú que ofrecen los canales.

Anoche encontramos una historia que escribió Zach Helm para el disfrute de los niños. Una tienda mágica de juguetes que su dueño debía abandonar al día siguiente. La tienda era más bien una feria de maravillas al alcance de chicos y adultos. Algo así como una república de la prosperidad en donde las promesas se hacen realidad.

El soñador señor Magorium después de más de 300 años no tenía sucesor en su emporio de juguetes y su magia estaba en peligro de perderse. Ni su empleada la señorita Mahoney, ni el niño Eric, coleccionista de sombreros ni mucho menos Henry, el contador, tenían el poder magnético de su creador y dueño. Tan solo le había regalado a la ingenua Molly un cubo de madera en el que había confiado la continuidad de su fantasía.

La película es entretenida y cautiva el interés por su mensaje lleno de color, movimiento y realismo. Muestra los juguetes de siempre, los globos, el confeti con nuevas formas y el ingrediente de la creatividad y la sorpresa. Hay originalidad, simpleza, transparencia. No hay sensación de engaño ni de sobrenaturalidad. Todo lo que ocurre cabe dentro de lo posible.

A continuación, como si fuera parte de la misma historia, el canal presentó la atrapante cinta "Las normas de la Casa de Sidra" con Tobey Maguire, Michael Caine, Charlize Theron y Delroy Lindo. Temas - como el de tabú del aborto, de la segregación racial, del alejamiento de la vida familiar de los militares, de la fatuidad de la ley, - van y vienen como si se refirieran a la vida colombiana. El cine retrata, a veces sin proponérselo, a la sociedad humana donde quiera que se encuentre.

Colombia es un emporio de riquezas al que todos miran con ojos de codicia. Su fauna, su flora, sus tierras, sus selvas, sus ríos, su minería. A donde se vuelva la cara hay paisajes, posibilidades para su gente. Su dueño ya lleva casi 500 años sin rumbo y ha dejado que inversionistas se lleven el Dorado y que el talento y la fuerza de trabajo se vayan a otra parte a engrosar sus economías. El gobierno, el Congreso y la Justicia no han podido enderezar ni encontrar la llave mágica que abra el sésamo para que el hombre colombiano disfrute de las maravillas de nuestro territorio.

Las reglas, las leyes se multiplican sobre los pupitres, pero solo favorecen intereses de los políticos y sus amigotes. Son inocuas las más, están ancladas en el olvido y son monumento a la ineficiencia y desgaire de quienes las hacen solo para ganar sus dietas. ¿Quién cree en la ley penal, la ley de tierras, en la reparación de víctimas, en el desmonte de las tercerías laborales y en la bondad del TLC? La tienda de juguetes de Colombia, es una maravilla, nadie lo duda. Pero la gozan más los foráneos que los propios nacionales. Aquí padecemos la ley y la riqueza se reparte entre las multinacionales. Y comemos, de pronto, manzanas y naranjas californianas y uvas chilenas sin necesidad de leyes TLC. Nuestra ley parece la de una Casa extraña.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.