Edición 353

Los aforados y los desaforados

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En la lengua castellana se denomina desaforado a quien busca con afán coger más de lo que le conviene o le pertenece, "que obra sin ley o fuero, o se hace contra fuero y privilegio", dice el diccionario. Como los que llegan a una fiesta o coctel y se abalanzan sobre el vino, los quesos y los bocadillos que están sobre la mesa como si estuvieran muertos de hambre.

Esa es la pelea de perros y gatos del momento entre Congreso, Altas Cortes y el Ejecutivo. ¿Quién tiene más privilegios? ¿Por qué el constituyente del 91 dejó por fuera del fuero a Presidente, ministros, parlamentarios, y altos jueces para que no se les examinaran sus actividades frente al erario cuando ocupan su cargo? Qué olvido tan magno. ¿Cómo fue que los dejaron a la misma altura que el rasero de un ciudadano?

A Simón Bolívar, nuestro primer Presidente y libertador, alguna vez que le prepararon un homenaje, le dieron el título de Libertador de las cinco Américas. Pero él, sin arrogancia y con altura dijo: Prefiero el título de buen ciudadano. Pero, a medida que pasan los años, nuestros gobernantes no solo piden la mano cuando saludan, sino también el brazo y el antebrazo. Un malhechor grande o chico merece el peso de la ley, pero ellos para cuando salten la barda, exigen ahora fuero y que los llamen los "aforados".

No. Ellos quisieran estar fuera de toda sospecha y que aun estando en la cárcel los llamen los doctores y los honorables y que nadie les endilgue una falta sea penal, disciplinaria o fiscal. En esencia ese es el quid de la llamada reforma de la justicia. Que todo quede muy claro. Hay choque de trenes por una cosa u otra, hay escándalo por los carruseles de pensiones y nombramientos. Pero si se establece que todos van a ser aforados se calma la tempestad y todo es seda sobre los rieles. Qué modo de reformar la justicia al pueblo colombiano...

¿Cuál es el afán y el celo porque todos queden con el descansado título de aforados? ¿Por qué el ciudadano de bien anda despreocupado por calles, oficinas, casa y de paseo y los más consentidos de cargos y puestos de mando andan tras el fuero como la liebre tras la presa? ¿No les basta ganar altas dietas y sueldos, viajar y mantenerse a manteles a toda hora, sino que quieren hacer y deshacer a su antojo, sin ley ni freno y que ni el Procurador los vigile, ni la Corte, ni la Comisión ni la Contraloría? ¿En dónde queda el juramento al asumir el cargo?

Ah, patria tan desigual e injusta. Los que más tienen en paga y en honores, quieren andar como Pedro por su casa, nombrando, urdiendo, recomendando, trasladando, contratando, dejando hacer, cerrando un ojo a su lado mientras el otro está bien abierto y las manos muy libres. Por eso, están tantos ilustres en la cárcel, se está pidiendo a gritos que se acabe el Consejo Superior de la Judicatura y la Comisión fallida de Acusación de la Cámara.

Que el procurador siga velando por la pulcritud, que la Contralora siga escarbando en Ministerios, Alcaldías, Agencias recién abiertas, Superintendencias, EPS, como SaludCoop. Y que el fiscal siga apareciendo en cuanta reunión se convoque y diga que el sistema acusatorio está en crisis o que el Inpec siga siendo un bar o un lobby donde se baila y entran las damas a visitar sus clientes.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.