Edición 371

David Betancourt

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David BetancourtCuando era niño mi papá me daba billetes por resumir libros que él seleccionaba

Buenos muchachos y Yo no maté al perrito dos libros de cuentos realmente excepcionales. Con ellos a ganado el premio internacional de Literatura Creativa en Caracas y en otro concurso, en Colombia, el jurado recomendó muy especialmente la publicación del libro que ahora hace la Universidad de Antioquia (Colombia).

Todos los cuentos son excepcionales, pero quizás se destaca "Táparo", un relato muy bien concebido que deja al lector son ese sinsabor extraño por saber qué es que lo que va suceder con los dos personajes, condiscípulos de vieja data y que ahora se encuentran en una situación un poco incómoda para uno de ellos, como más adelante lo dice el mismo Betancourt.

  • ¿A qué edad empezó a escribir cuentos, cómo llegó a su escritura?          Muy tarde, como a los veinte años. Resulta que cuando era niño mi papá me daba billetes por resumir libros que él seleccionaba. Leí sin ningún orden lo que caía en mis manos, desde Dostoievski hasta libros de superación personal y así me envicié a la lectura. Los billetes fueron pronto más que mis necesidades, me estaba enriqueciendo por leer y hacer resúmenes; cosa que entendió papá, y me dejó de dar plata. Entonces me rebelé: ¡No leo más!, le dije. Y para no retroceder en mi decisión, me las tuve que idear para leer a escondidas de mi papá. Leí a Andrés Caicedo y a Cepeda Samudio y pensé, equivocadamente, que escribir no era tan difícil. Entonces empecé escribiendo un panfleto anónimo que se llamaba El Impío, que cada mes alguien, a quien papá pagaba, repartía a la entrada de mi colegio de curas franciscanos. Me divertía escribiéndolo, conociendo el apoyo de los estudiantes que no veían la hora de que saliera el próximo número, me divertían las discusiones con los profesores sobre los temas que allí se trataban y, también, sabiendo que el rector estaba entregando una recompensa de veinte mil pesos a quien diera con el paradero del autor intelectual de ese pasquín inmoral. Luego de que mi ego me llevó a entregarme, a decir que yo era el autor de El impío para que todos hablaran de mí, salí del colegio por la puerta de atrás a estudiar periodismo y a dedicarme por completo a la escritura.          Me incliné por la crónica literaria. Inventaba personajes, historias. Recuerdo a un tal Roberto, un hombre de la calle que creé en una semana, experto en literatura, que puse a vivir en el Parque de San Antonio y que se volvió famoso en la universidad. Los profesores y los estudiantes de periodismo, luego de leer mi historia inventada, querían conocerlo, entrevistarlo y, al no encontrarlo en el parque, me buscaban para que los llevara a donde él; Roberto les parecía genial, les causaba curiosidad. Me di cuenta entonces, con este y otros ejemplos, de que lo mío no era la reportería, las historias reales, el contar basado en la verdad (a la que le estaba faltando), el periodismo, contar historias reales que parezcan de ficción; no, lo mío era la literatura, crear historias de ficción que parezcan reales, que sean verosímiles. Y leyendo y leyendo, de todo, de todos los géneros literarios, sentí un gusto muy fuerte por el cuento, que decidí estudiar antes de empezar a escribir. Hoy, doce años después de mi primer cuento, de leer y leer cuentos y relatos, apenas hoy estoy empezando a conocer el género. Para mí, para mí, el género más importante de la literatura.
  • ¿Cuáles fueron sus primeros temas?          Para mí cualquier cosa es un tema. Mis historias parten de cualquier situación cotidiana. Y los temas en mis cuentos no varían de un libro a otro, del primer libro al último. Mis cuentos son de desamor, de vida, de muerte, de locura, de crímenes, de desencuentros, de enemigos, de muchachos... En fin, de lo que son todos los cuentos. Mis temas son los mismos de todos los escritores, la diferencia no está en el tema sino en la manera de abordarlo, en la manera de narrar la historia, entre otras cosas. Eso sí, en la mayoría de mis cuentos la niñez y la juventud son los protagonistas.
  • ¿Escribe cuentos especialmente por su corta extensión?          Escribo cuentos simplemente porque es el género literario que más me gusta leer, el género que más disfruto y me divierte, el género que va más con mi personalidad. La extensión es lo de menos. He escrito cuentos de una página, pero también de veinte. Y mis libros tienen la extensión de novelas. Me gusta contar historias sin irme por las ramas, eso es todo.
  • ¿Ha pensado en escribir una novela de largo aliento?          No, por ahora. Se dice que el cuento es el entrenamiento para escribir una novela, y no estoy de acuerdo. No es más complejo escribir una novela que un libro de cuentos, es más, creo que es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una buena novela. La diferencia entre los dos géneros es que la novela es extensa y el cuento intenso. Faulkner, por ejemplo, decía irónicamente que "todo novelista quiere escribir poesía, descubre que no puede y a continuación intenta el cuento, y al volver a fracasar, y solo entonces, se pone a escribir novelas".          Además, no he pensado en escribir una novela porque el cuento me gusta mucho. Me reta eso de la economía del lenguaje, escribir sin retórica, sin adornos, sin rodeos, sin ripios, sin irse por las ramas dejando abandonada la historia, sin personajes secundarios, digresiones... Me gusta el cuento porque va al grano, mientras que la novela divaga. A mi juicio, y entendiendo que la novela busca otros efectos y se mueve en un universo diferente, en su mayoría son ripiosas, relatos a los que les sobran muchas páginas, cuentos hipertrofiados. El novelista, el mal novelista, decía el escritor Julio César Londoño, es un parlanchín que sigue hablando cuando el lector ya se ha ido. Por eso me quedo con el cuento, porque le doy más importancia a la historia (a la anécdota), característica del cuento, que a la reflexión, característica de la novela.          En este sentido, un buen cuentista no puede darse la libertad que se dio Balzac, que no le temblaba el pulso para meter en sus novelas las listas del mercado y la lavandería, o Melville, que se dio el lujo de escribir en Moby Dick, sin contenerse, cientos y cientos de páginas sobre ese tema de los peces que tanto lo apasionaba. En fin, yo soy de la corriente de los que piensan que el género del cuento es más importante que la novela y, además, es un género más exigente: se deben decir en pocas páginas muchas cosas. Juan Rulfo, por ejemplo, decía que en la escritura del cuento hay que frenarse, sintetizar, y que en eso el cuentista se parece al buen poeta. "El poeta [decía Juan Rulfo] tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa. Lo esencial es precisamente contenerse, no desbocarse, no vaciarse; el cuento tiene esa particularidad; yo precisamente prefiero el cuento sobre todo, sobre la novela, porque la novela se presta mucho a esas divagaciones".
  • David Betancourt¿Es importante la unidad temática en los libros de cuentos?          Le he escuchado a mucha gente que los buenos libros de cuentos deben tener unidad temática. Yo no pienso igual. Los cuentos en un libro funcionan de manera independiente, son autónomos, tienen que funcionar desligados de los bloques narrativos. Los cuentos en un libro no son capítulos de una novela, significan por sí mismos, no tienen la obligación de mantener un hilo conductor. Un cuento es una obra independiente, así tenga dos, tres, diez páginas, como una novela de doscientas páginas. Como autor no me propongo hacer un libro de cuentos sobre un tema específico. Escribo cuentos que luego, con el tiempo, por el azar, se convierten en un libro. Si me propusiera a escribir un libro con cierta temática lo más probable sería que el libro fuera monótono, forzado... Buenos muchachos, mi primer libro de cuentos, sin darme cuenta tenía unidad temática: cuentos de jóvenes, de muchachos. Igual pasó con Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos, pero nunca me senté y me dije: "Voy a escribir un libro de cuentos de enemigos o uno de muchachos", no, eso sale espontáneamente. Me gusta sentarme a leer libros de cuentos con diversidad de temas. Eso sí, hay grandes libros de cuentos con unidad temática, para mí el mejor es El llano en llamas, de Rulfo. En mis libros así haya una supuesta unidad temática, hay ladrones mezclados con curas, prostitutas, mariguaneros, niños, historias realistas y absurdas, prosa sencilla y potente, estructuras clásicas y modernas, de todo, diversidad estilística...
  • ¿Cuáles han sido los cuentistas nacionales y universales que siempre ha leído?          El llano en llamas ha sido el libro de cuentos que más veces he leído. Sin duda es mi preferido. Por eso, Juan Rulfo encabeza mi lista de mejores cuentistas, con tan solo un libro de cuentos. Mi escritura, sin embargo, es totalmente opuesta a la de él. Me gustan también Maupassant, Chéjov, Capote, muchos. De por acá cerquita: Ribeyro, Cortázar, Quiroga... De más cerquita: Andrés Caicedo, Cepeda Samudio... Y de los jóvenes, mi favorito es Luis Miguel Rivas. Recomiendo su libro de cuentos Los amigos míos se viven muriendo. También me gustan mucho los libros de cuentos de Santiago Andrés Gómez (Los deberes), Andrés Mauricio Muñoz (Desasosiegos menores), Paul Brito (Los intrusos), Juan Carlos Orrego (Cuentos que he querido escribir), Sandra Castrillón (Odios) y muchos más, porque son muchos.
  • ¿Se inclina por leer más cuentos que novelas?          Sí, leo más cuentos que novelas. Suelo leer más por las noches y no me gusta dejar lecturas empezadas. Las novelas me trasnochan. Pero también leo muchas novelas. Hay una colombiana que me gusta mucho, que me divierte cada vez que abro el libro en cualquier página. Se llama Vagabunda Bogotá, de Luis Carlos Barragán, una novela distinta a las que salen a toda hora.
  • ¿Siempre se espera a que llegue la musa de inspiración para escribir un cuento?          La musa de inspiración no es otra cosa que tener cosas por decir. Mi musa no sabe de disciplina. A veces se aparece durante seis meses y no me deja descansar, me dicta cuentos y cuentos, pero a veces sale a paro por un año y no escribo nada. Cualquier día me levanto con ganas de escribir y tengo algo para decir y escribo. No soy de los que tienen la escritura como un trabajo, mi caso es de más libertad, de disfrute. No me obligo a escribir.
  • ¿Cómo surgió la recopilación de cuentos para el libro Buenos muchachos?          Buenos muchachos es un libro que tardé escribiendo casi dos años. El libro tiene quince cuentos. Es una especie de antología de mis primeros escritos. Cada cuento que escribía se lo enviaba a un escritor de Medellín que me ayudó muchísimo, aún me ayuda, que se llama Óscar Castro García. Él los leía y me hacía sugerencias y críticas. Luego de un tiempo consideré que esos cuentos se podían juntar en un libro, y eso hice. Luego lo envié por enviar a un concurso nacional de cuento y, para mi sorpresa, el libro obtuvo mención de honor. Así que lo envié a la Editorial Universidad de Antioquia y cuando me dijeron que lo publicaban me dio mucha alegría. La publicación me motivó a seguir escribiendo y la musa desde eso ha estado más despierta, más activa.
  • ¿Tiene planeado publicar un nuevo libro de cuentos?          Tengo dos libros más, aparte de Buenos muchachos y Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos. El tercero se llama Una codorniz para la quinceañera y otros absurdos, finalista en 2013 en el Premio Nacional de Libro de Cuentos de la Universidad Central. Y Cuentos de Risa, un libro de dieciséis cuentos que acabo de terminar. Risa es una niña rebelde y es la protagonista de todos los cuentos. Estos dos libros son irónicos, cómicos.
  • ¿"Táparo" existió en la vida real?          Es solo un personaje de cuento que casualmente estudió en mi colegio y que allí fue maltratado por un muchacho que curiosamente se llama como yo. Ya mayores, el que se llama como yo va a buscar trabajo a un periódico y se encuentra con Táparo en la recepción, que le habla del pasado, sin rencor. Es básicamente un cuento de matoneo. Pura ficción de esa que pasa en la realidad.
  • ¿Fue sorpresivo haber ganado el Premio Internacional de Escritura Creativa en Caracas, Venezuela, con su libro Yo no maté al perrito?          Sí, siempre es sorpresivo ganarse un concurso, a menos de que esté arreglado y uno sepa de antes que ganó. Uno confía en su libro, en su escritura, claro que tiene esperanzas, pero uno también sabe que hay gente muy buena que como uno puede ganar. Los concursos, además de la calidad de la obra, tienen un gran porcentaje de suerte: que no participe un libro mejor, que el jurado sea el más pertinente para el ganador (los mismos gustos), que en el momento de la lectura de tu libro los jurados no tengan sueño, que tu sobre de manila con el manuscrito llegue a la dirección correcta, que el concurso no tenga ganador antes de que salgan las bases, que los jurados no se encuentren con un amigo entre los participantes, muchas cosas. Por eso es sorpresivo. Ahora ese libro tiene dos ediciones: una en Venezuela y otra en Colombia, como parte del premio.
  • En Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos hay cuentos para todos los gustos y genios. ¿Lo ve así?          Sí, es un libro para todos los gustos y genios. Yo no maté al perrito... tiene de todo: historias absurdas, pero también historias realistas. Prosa lenta y prosa ágil. Cuentos con ironía, humor negro, sarcasmo, crítica, pero también cuentos inofensivos que solo son una anécdota. Hay cuentos de infidelidad, de ladrones, de partidos de fútbol, de asesinatos, de poetas retóricos. En este libro hay de todo. La mayoría son historias absurdas.
  • ¿Qué está leyendo actualmente?          Ahora estoy releyendo dos tomos gordos con todos los cuentos de Bioy Casares y Los cuentos de Juana de Cepeda Samudio. Este último libro me dio la idea para escribir mi libro Cuentos de Risa.