Edición 355

Puesto de Combate es una revista para darle de comer a la imaginación

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Puesto de Combate es una revista para darle de comer a la imaginaciónMilciades Arévalo lleva 42 años dirigiendo quizás la más antigua de las publicaciones culturales de Colombia.

A pesar de la dificultades, el puesto de combate de Milciades Arévalo es su revista Puesto de Combate que este año cumplió 42 años continuos se dejar de salir. No ha sido fácil, pero tampoco imposible. Y aunque a veces lo cobija el pesimismo, al día siguiente se levanta con los mismos bríos y vuelve a la batalla.

  • ¿A qué edad le entraron las ganas de hacer fotografías?
  • Siempre que me hacen una entrevista, me gusta hablar de mi vida, tal vez porque en ella me han sucedido las cosas más asombrosas que le pueden pasar a alguien; seguramente a las demás personas les ha sucedido lo mismo y no se ufanan por eso. Yo sí porque tal vez yo descubrí mi mundo durante mi orfandad. La vez que mi hermano Abdénago armó una victrola con pedazos de otras victrolas que le regalaron en El Cruce de los Vientos.    Cuando mi abuela Alba la oyó sonar por primera vez, después de mirarla por todos lados concluyó que el aparato no servía para hacer café. Si no rompió la victrola a escobazos fue porque no era bruja, pero si dijo que era un invento del diablo, que por la música muchos cristianos habían terminado en la hoguera, y que por eso mismo ni siquiera en los novelas de amor mencionaban las victrolas, en fin...    Mis hermanos podían no tener imaginación, pero eran mejores que yo. Mi hermano Aldo, fue ayudante de un ingeniero alemán que trajeron para que terminara de construir el viaducto del Ferrocarril del Nordeste, que por entonces solo llegaba hasta el Cruce de los Vientos. Con el primer sueldo que le pagaron, compro una cámara de pajarito y se fue de fotógrafo por todos los pueblos de la sabana.    No había bautizo, matrimonio, primera comunión o entierro en el que mi hermano Aldo no estuviera tomando fotos. Mi hermano fue el que primero nos tomó fotos en la casa. Por ahí debo tener una foto que nos tomó antes de que comenzara el 9 de abril.    Pero mi verdadera pasión por la fotografía no nació con mi hermano, sino cuando hice mi Primera Comunión. Mi madre me llevó al "estudio" para que me tomaran la foto y sucedió que ese día se murió el fotógrafo de mi pueblo y yo me quedé sin la historia de tan importante suceso. Tan pronto pude compré una cámara Kodak, con rollo de 120 milímetros y me puse a tomarle fotos al paisaje. En mi casa tengo una gran colección de cámaras con las que tomé mis primeras fotos.
  • ¿Cree que ha logrado fotografiar casi al ciento por ciento de escritores de Colombia?
  • No. Tengo muchísimas fotos de escritores y poetas, pero tengo más fotos de paisajes que de escritores. A los escritores no les gusta ser originales en sus fotos y posan sin necesidad.
  • ¿Cuál ha sido el escritor al que no le haya podido hacer una foto?
  • A Gonzalo Arango. Siempre que nos encontrábamos yo no tenía la cámara a la mano, ni siquiera cuando nos encontramos por primera vez en Santa Marta. A Jaime Jaramillo Escobar, tampoco le he podido tomar una buena foto.
  • ¿Cuáles fueron los temas de sus primeros intentos de poesía?
  • El paisaje. Siempre me ha parecido que es allí donde está la música de las palabras y por eso podemos nombrar a la belleza sin quitarle sus tintes ni perfumes. De ahí la originalidad de la poesía de Aurelio Arturo. Podría nombrar también el amor. Uno no escribe sino para enamorar a alguien, para saber que tenemos compañía, aun así estemos en medio de un desierto de soledad. Por eso todos los que van a ser verdaderos poetas, comienzan con el amor.
  • ¿Cuál fue la primera idea que se le vino a la cabeza para publicar la revista Puesto de Combate?
  • Todas las revistas durante los años setenta tenían un nombre contestatario, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. Las revistas circulaban libremente por todos los rincones del planeta, había un florecimiento.    Puesto de Combate tiene un nombre contestatario, pero no es por lo que parece, sino porque hay que tener un puesto, un lugar en el mundo como todos los humanos, y el Combate de todo escritor es con las palabras.
  • ¿Cuántos años lleva combatiendo desde ese puesto?
  • 42 Años. Podría decir que toda la vida. Yo no estudié en ninguna academia para hacerme escritor; a mí la literatura me la enseñó la vida. Leyendo aprendí dos veces. Cuando yo fui marinero, aprendí a hacer revistas de literatura con el capitán Ariel Canzani, que hacía en su barco una revista de poesía llamada Cormorán y Delfín. Años después trabajé en la revista Nadaismo 70 con mi compadre Jaime Jaramillo Escobar, y después lo hice con Eduardo Mendoza Varela en la revista Mosaico II del Instituto de Cultura Hispánica. Ellos fueron mis maestros. Después conocí otras revistas, y de por sí mi casa parece un barco de papel, por tantas revistas y libros que guardo con cariño.
  • Puesto de Combate es una revista para darle de comer a la imaginación¿Es complicado trabajar culturalmente en Colombia?
  • La verdad es que yo nunca pensé que mi país estuviera tan lleno de envidiosos, lagartos y oportunistas. Creo que en Colombia hay suficientes buenos escritores y poetas en todos los rincones del país, pero vea usted que solo nombran a los mismos de siempre, hasta para correr una cama.    En diferentes oportunidades he presentado mis proyectos, tanto de la revista como de mi obra, y vea usted que, aunque nunca me han rechazado ninguno, tan poco me han dado un premio, una beca, una mención.
  • ¿Qué ha sido lo más satisfactorio publicando la revista?
  • Lo más satisfactorio ha sido eso, tener la cara en alto, la mirada firme y la tranquilidad de saber que muchos escritores colombianos tocaron a mi puerta un día, y nunca les negué la posibilidad de dar a conocer sus trabajos. Para bien o para mal, eso es Puesto de Combate: Una revista para darle de comer a la imaginación.
  • ¿Con qué cuentos se metió en el fantástico mundo de la literatura?
  • Yo no empecé con cuentos, sino con teatro. Escribía teatro. Sucede que por allá en 1965, cualquier colaborador del suplemento de El Espectador, mandaba cuentos o poemas, y el domingo siguiente, sabiamente le respondían de esta manera: "Su texto fue a parar al cesto". Y fue precisamente por eso que yo mandé una obra de teatro en un acto: "Bajo la luna todos los muertos son iguales", que apareció en el Espectador, en 1964. Es más, don Guillermo Cano me anunciaba por entonces como una promesa como autor teatral, pero en vez de escribir teatro me puse a vender libros por la costa y a conseguir para editar la revista que yo había soñado; cuando regresé a Bogotá, después de un largo periplo por el mundo, me puse a trabajar en un banco, y después en una agencia de publicidad, en fin...    de la literatura lo que más me gusta es el cuento. El primer cuento oral que yo escuché se lo oí a mi madre y se llamaba "La flor de Lilolá". En mi biblioteca tengo más libros de cuentos que novelas. Para mí un buen cuento es como un buen poema, uno y otro se complementan. Mi debut en la literatura fue con un cuento, que más tarde fue novela, como lo es El oficio de la Adoración.
  • ¿Cuál novela lo graduó de escritor?
  • La casa del fuego y de la lluvia, que fue premio de novela en Pereira, en 1985, con jurados como Manuel Mejía Vallejo, quién me pronosticó que yo sería el sucesor de..., de un escritor famoso. Después fragmenté esa novela y saqué de ella dos libros de cuentos.
  • ¿Cuál fue el tema de la primera novela que publicó?
  • La Universidad de Antioquia me publicó en el 2001, la novela Cenizas en la ducha. Es la historia de alguien, un ciudadano al que le suceden múltiples historias. Una de esas historias, la principal, trata de la viuda que escribe una novela para ganarse un premio. La viuda quema la novela al darse cuenta que su vida es más interesante que todo lo que ella pueda escribir. Es también una novela erótica, citadina y poética.
  • ¿Fue maravillosa su experiencia como vendedor de libros?
  • No solo fue maravillosa sino fantástica, alucinante, sorprendente. Conocí casi toda la costa, de palmo a palmo, viajando en chalupas, chivas, alimentándome con cazabe, durmiendo en hoteles de dos por cinco y de paso conociendo el mundo de la literatura y sus creadores. Si me dieran la posibilidad de vivir más de cien años, volvería a recorrer esos lugares encantados donde conocí la belleza del trópico en todo su esplendor.
  • ¿Ser marinero marcó su vida literaria para siempre?
  • Ser marinero me dio la posibilidad de tener alas y de darle de comer a la imaginación con solo mirar el horizonte. Tenía tiempo de leer toda la poesía que yo quería, de conocer los puertos, las ciudades y pueblos fantasmales. Sí. Era una vida maravillosa, nunca debí abandonarla como para venir a podrirme en esta ciudad de miedo, soledad y violencia.