Edición 381

Todo lo que nos pasa

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Conexiones y puentes que se entretejen y que demuestran que no hay nada fortuito. En esta ocasión, son esas mismas historias entrecruzadas pero narradas con acierto y con un énfasis hacia la tecnología y hacia la nueva forma de relacionarnos a través del Whatsapp. ¿Y sí lo hacemos?

Samantha San Romé nos lo plantea desde el fondo del corazón y de cómo la protagonista de esta novela, Julia, nos lleva por caminos entreverados, de herradura, caminos lejos de ser los rectos, anchos y anodinos de cualquier autopista, sino por aquellos donde, de tanto en vez, nos topamos con los huecos, ramas y curvas cerradas, que nos plantea girar o irnos derecho al abismo.

"La obra tiene tres líneas de relato que son también tres tramas de afecto entre la protagonista y la dueña del departamento que alquila a quien se le murió el marido; la protagonista con su madre depresiva y la protagonista con su ex novio a través de conversaciones por Whatsapp", afirma Samantha.

Entrevistamos a la escritora y esto nos contó:

-¿Qué te impulsa a escribir y especialmente Todo lo que nos pasa?

Bueno, escribir es un impulso. Una fuerza que nos mueve. Nos corre de la domesticación, de cualquier colonización del pensamiento y nos acerca a lo más salvaje y natural del ser humano. Diría que escribo para pensar y para desaprender. Eso es importante para mí, escribir para pensar y no para demostrar que sabés algo. Pero también me gusta creer que el impulso está antes del por qué, que es inevitable. Así como los animales saben que tienen que alimentar a sus crías, por instinto. Me importa pensar la escritura como comunicación con los demás y que en eso reside su potencia transformadora. Nos transformamos cuando leemos y cuando escribimos, por lo tanto se transforma el mundo. Creo que la escritura debe estar conectada con la humanidad. Que no puede haber una guerra y hambre y hablar de dinosaurios.

Con Todo lo que nos pasa quería decir algo y no sabía bien qué. Primero pensé que estaba hablando de un personaje femenino que buscaba su libertad. Después, un poco por la novela y otro poco porque estaba leyendo sobre zapatismo, me encontré con el concepto de autonomía y empecé a ver a Julia desde ahí. No son contrarios ni muy distintos, pero la libertad apunta al individuo, a desprenderse de cosas. La autonomía apunta a los sujetos, a conocer lo que verdaderamente somos, a respetar lo que somos y a vivir plenamente con eso, pero con los otros/as.

-Los personajes son especiales y tienen una fortaleza única. ¿Julia es la suma de tus vivencias propias o prestadas?

Siempre digo: tengo Julias, pero yo no soy Julia.

-Bety. Qué personaje... Es de esas almas que como estrellas que se están apagando, irradian con más intensidad... Cuéntanos cómo construiste a Bety.

Bety nace de Nelly, la verdadera dueña del departamento que alquilaba en Buenos Aires. Cuando la conocí, me preguntó de qué signo era y le dije "escorpio". Ella cambió a partir de ahí. De repente a veces me amaba y otras me odiaba, según cosas que tenían que ver con el marido muerto que también era de escorpio. Parecía que le hablaba a través de mí y eso me encantó para un personaje. Empecé a construir una voz contradictoria, conservadora y libre, socialista y fascista, sabelotodo pero no arrogante, tanguera, porfiada. Sin problemas de memoria, pero que olvida y recuerda según lo que le conviene. Quería inventar cómo había sido ese amor, esa muerte, qué pasó entre ellos, quiénes fueron, quiénes quisieran haber sido. Me imaginé un vínculo propietaria-inquilina distinto. Dos generaciones de mujeres que discuten si existe Dios mientras cuentan la plata para las expensas y dicen que vivir es cambiar y que también en Argentina vivir es muy caro.

-Espacio aparte para la madre de Julia. ¿Quién es ella y cómo la desarrollaste?

La madre de Julia es LA madre. Intenté a través de ella hablar del vínculo madre e hija. Del amor y la rabia. De cosas que hay que perdonarnos. También está esa abuela. Buscaba simbolizar cierta herencia femenina que en algún momento hay que despegarse del cuerpo para decir "acá estoy yo". Lo que sabemos de esa madre es a partir de la mirada de Julia. Por lo tanto no tenemos mucha información sobre Emilia. Una mujer melancólica, condescendiente, un poco manipuladora y una pregunta que para mí es importante en la construcción de una hija: la pregunta por la felicidad de la madre.

-La intertextualidad está mandando. Lo hiciste con la producción del video, tomando la canción de Fito y leyendo el cruce de mensajes por Whatsapp con el ex novio... ¿Por qué decidiste tomar en cuenta a esta forma tecnológica para narrar? Pero no abandonaste el papel... ¿Conoces wattpad?

El recurso del link de Youtube tiene que ver con incluir algo que hacemos todo el tiempo y también con dialogar con el lector, con proponer un juego. Imaginé que alguien iba a pararse del sillón o de la cama para tipear ese enlace y escuchar una canción hermosa.

Siempre supe que esa línea de relato entre Julia y el exnovio la iba a contar a través de conversaciones de Whatsapp porque me interesa pensar en cómo construimos afectos a través de la conectividad constante. Y porque tengo un especial interés en relacionar el chat con la poesía. Vengo pensando en cuánto de todo esto que hacemos en el celular le puede importar a la semiótica, a la lingüística. Cuando escribimos un mensaje, activamos la función poética del lenguaje de la que habla Jakobson. Tomamos decisiones, enlazamos palabras, ponemos énfasis en determinadas ideas, mayúsculas, partimos oraciones, nos mandamos canciones, fotos, corazones, caritas tristes. Hacemos poesía. Por ejemplo, acá en Argentina estamos luchando por el aborto legal y seguro. Las mujeres empezamos a incluir en nuestros chats corazones verdes, el color de la campaña por la legalización del aborto. Eso se nos incorporó instintivamente, ¿qué hay ahí de la poesía? Estoy segura de que hay algo.

No conozco wattpad, pero ya estoy googleando.

-¿Todo lo que nos pasa es justamente eso, todo lo que nos pasa en las relaciones con los demás, pero especialmente con nosotros mismos? ¿Es un ejercicio de comunicación desde el alma?

Juan Solá lo definió mejor que yo en el prólogo: "al final es todo lo que nos pasa lo que nos enseña a amar". Somos lo que nos pasa. Stuart Hall dice que no importa quiénes somos sino quiénes vamos siendo. Y Jung dice que somos lo que elegimos ser. Bety diría que también somos lo que podemos. Y Julia diría que si somos, que si estamos, lo intentemos. También somos lo que intentamos, no sé.

-Invita a los seguidores de Buque de Papel para que se animen a adquirir tu libro. ¿Dónde y cómo pueden hacerlo?

En primer lugar, es mágico para mí poder estar conversando sobre mi novela con la gente de Colombia. Tengo amigos/as que hice en las redes allá. Nunca creí en las fronteras, me siento hermana de quienes vivimos historias, experiencias parecidas y con quienes compartimos miradas. Por el momento, el libro desde el exterior se puede comprar aquí:  y llega en 48hs. Todos los libros de la Editorial Hojas del Sur, estarán muy pronto en Bogotá a través de los amigos de Ediciones Gaviota.Por otra parte, yo uso mucho las redes sociales para escribir. Muchos textos están en Facebook o instagram si ponen mi nombre.

-¿Cómo desarrollaste el proceso editorial? Esto de producir y publicar es como un parto...

Publiqué con tres editoriales hermosas e independientes: El primer libro de cuentos "Permanente" con Árbol Gordo, el de poesías "ojalá el tiempo no fuera una prisión" con El Ojo del Mármol y Hojas del Sur, que es quien editó la novela Todo lo que nos pasa. Entiendo que el mundo editorial es difícil, pero yo tuve suerte de cruzarme con personas muy generosas que apuestan a autores/as nuevos/as y les dan un espacio porque creen en eso. En que hay personas escribiendo con voces frescas y auténticas. Ahí hay algo de lo que rescato. Creer en escribir como verbo y no como persona: escritor. Hay gente escribiendo, es lo único que existe. Eso es muy valioso y va de la mano de las posibilidades que traen las redes sociales para poder ser leídos. Hay mayor accesibilidad y eso democratiza bastante. Yo lo celebro realmente. La literatura cumplió un rol fundamental en la consolidación de los Estado-nación y del sujeto social que necesitaba ese proyecto, la lecto-escritura dividió también la sociedad entre alfabetizados y analfabetizados. Siempre dejó gente afuera. Impuso un canon. Los escritores/as reconocidos/as y "publicables" eran quienes ganaban premios y traducciones, obviamente muchos más varones. Hoy eso está cambiando, entre otras cosas, gracias a la tecnología y a las editoriales independientes. Y además modifica la relación con los/as lectores. Personas que quizás quedaban afuera de las bibliotecas, pero ahora buscan posteos o libros interesantes.

Aquí video de Todo lo que nos pasa