Edición 368

El de Jairo Varela: un sepelio como en sueños

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El de Jairo Varela: un sepelio como en sueñosCuando despuntaba la adolescencia, hablo de 1984, como la novela de HG Wells, la ciencia ficción, en este caso, de empezar a bajar la manito por la espalda de las muchachas del barrio, se volvía realidad cada vez que sonaban los acordes de Cali Pachanguero.

Mi hermano mayor, a la sazón con 18 años ya rumbeaba con el grupo Niche y ese álbum primigenio que se convirtió en icono de la música popular colombiana. En el viejo y desvencijado equipo de sonido Sanyo, la aguja rasgaba el vinilo y los poderosos parlantes, amplificaban la voz de Moncho Santana, el cantante estrella de ese himno que inicia con un trombón festivo, alegre lejos de la nostalgia de Glenn Miller y las Big Band, porque digámoslo con claridad, este instrumento es llorón.

Y allí, en ese disco o long play venían otros temas que fueron igual o más importantes para quienes aprendimos a bailar y a perfeccionar la salsa con Niche: Del puente para allá, Ana Milé, El Coco, no nos abandonaron nunca, porque el sentimiento hermanó generaciones: desde los clásicos de la salsa y de la Fania, desde los abuelos boleristas y soneros, o desde los imberbes que empezamos a empinarnos para besar en la boca a la más alta de la fiesta.

Y a partir de ese año, a los dos de creación, el grupo Niche, la idea del chocoano Jairo Varela, creció para no detenerse jamás. Múltiples discos de platino, de oro, la fama los arropó, con sus bemoles y notas discordantes: la banda inicial, en la que estaba Alexis Lozano y Nino Caicedo, fue ajustada por el mismo Varela. Aunque nunca trascendió, en el mundillo de la música se dijo que fue por el vicio. Varela era estricto y disciplinado con sus músicos, y los dos anteriores, como otros más, se la pasaban de rumba en rumba de juega en juerga, de alcohol y otras drogas. Nunca negado, pero rumor tampoco confirmado, Lozano y Caicedo y una buena parte del Niche inicial conformaron al poco tiempo Guayacán Orquesta, otro ícono de la salsa colombiana.

La fama siguió creciendo y las producciones de Varela para diciembre, para su Feria de Cali, llegaron a otro cúmulo de canciones que se convirtieron en íconos: Cielo de Tambores. Allí, temas como Mi Valle del Cauca e Hijo mío fueron inspiradores para nuevas generaciones de rumberos y que detectaron la poesía en ellos. Aunque allí iniciaron los problemas. El país atravesaba el enfrentamiento contra el Cartel de Cali y los hermanos Rodríguez Orejuela, otrora empresarios respetados. Y uno de los capos de ese grupo mafioso, José Santacruz Londoño, el mayor especulador de vivienda en el país, apareció citado en uno de los temas de Niche. Hijo mío es un acróstico, donde las letras iniciales de cada estrofa configuran cada una de los nombres del capo: "jose santacru". Coincidencia o no, Cali vivía los estertores del lujo y el exhibicionismo de los barones de la droga y la suntuosidad se reventó, cuando el Gobierno de Ernesto Samper, cuya campaña fue financiada por la mafia, decidió estallar la burbuja que durante décadas cubrió la economía caleña y el lavado de activos derivados del narcotráfico. Y llegó la noticia: en las contabilidades de los narcos apareció el nombre de Jairo Varela y millonarios recursos para su discoteca en Cali, el sitio de moda.

Él lo explicó hasta el cansancio, que nada tenía que ver, que no los conocía, que cómo iba a recibir plata de narcos. Pero nunca pudo comprobar lo contrario ante la justicia ni justificar una suma millonaria entregada a él y que aparecía en dicha contabilidad mafiosa. El resultado fueron más de cinco años de cárcel y el silencio del grupo Niche durante ese tiempo. Muchos presagiaron su fin. Pero cuando su cerebro salió de prisión, volvieron los éxitos, hasta el día de hoy.

Aunque nada volvió a ser como antes. El maestro Varela salió muy cansado, dolido, ya sin la chispa en sus ojos, y con el corazón aporreado. Se cansó de gritarle al mundo su inocencia, pero cayó en lo que medio país estuvo involucrado en ese entonces: periodistas, cadenas radiales, empresarios, músicos, gente del común, fueron atravesados por los dineros calientes del narco. Los que no tuvieron el cuidado de preguntar antes de recibirlos, o abogados superestrellas, o negocios con la justicia, pagaron cárcel: Varela, Pedro Sarmiento, Esteban Jaramillo... pero otros que sí la recibieron conociendo su origen siguen hoy tan campantes y tan doctores. Y su corazón finalmente dijo no más. Por eso, Buque de Papel, presenta el recorrido gráfico de Varela, tan niche como su grupo, tan brillante como su música, tan colombiano como todos nosotros.