Edición 353

Tan joven y tan viejo…

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Tan joven y tan viejo…Cuando en el boom del rock en español o en castellano irrigó a toda América Latina, en 1988 discos que se escuchaban con fuerza en España por la generación del destape comenzaron a pasar por la única emisora que se atrevía: Radio Tequendama y su programa "El Patico Discotequero".

Y en medio de nuestros 15 o 16 años, Los Prisioneros, Soda Estéreo, Miguel Mateos, Duncan Dhu, Alaska y Dinarama, Los Toreros Muertos, marcaron a toda nuestra generación. Con esta explosión de temas –algo sosos, hay que reconocerlo- llegó una forma diferente de contar y de trascender fronteras. Quienes escuchábamos rock, gracias a la mamá de un amigo del Colegio Cafam que le mandaba vinilos desde Buenos Aires, en pleno reinado del merengue dominicano tan sabroso y bailable, también éramos vistos como bichos raros. Pero mucho más, como perros a cuadros, cuando en esos envíos llegó una pasta (como se le decía a los LP negros y hermosos) titulada "El Hombre del Traje Gris"; autor: Joaquín Sabina, un tipo ya mayorcito en esos años. Y feo.

Tan joven y tan viejo…Una tarde, volados de clase, escuchamos esos primeros versos que me marcaron para siempre. "Una de Romanos", "Besos en la Frente", "Los perros del amanecer", música roquerita, con guitarras distorsionadas, lloronas, chillonas, solos rápidos, baterías trepidantes, y una voz profunda, precisa, como los versos pulidos y finos en su métrica, que le cantaba al amor, al engaño, al desengaño, a los cuernos, a las ganas, al desempleo, a la madurez, a los ladrones, a los abusos policiales, a los embarazos, a la expulsión del paraíso. Y ese tipo, que era grandecito al lado de Cerati, Mikel Eretxun o Jorge González, el Capitán Futuro de Los Prisioneros, que apenas se asomaban a los 30, fue metido en la bolsa comercial del "Rock en Español". Una vez la fiebre radial y comercial comenzó a aflojar, dos años después, y la mayoría de esos siguieron haciendo música y se convirtieron en íconos, otros más se disolvieron.

"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido", dijo años después, el mismo Sabina de marras, que trascendió el tiempo y siguió escuchándose en el "patico discotequero", hasta que cerraron la emisora. Y empezó la angustia. No existía internet, mi amigo de colegio se había perdido, y no tenía contactos para comprar la música importada, antes de la apertura económica, que era carísima y de colección. Recién entrado a la universidad, buscaba trabajo para soportar un trajín como el pagar el semestre en La Sabana, y con el apoyo de mis viejos. Así que comprar los vinilos en El Palacio Musical o en la 19, era una locura e impensable. Pero no por mucho tiempo.

Tan joven y tan viejo…Comencé a trabajar en la emisora Minuto de Dios con un programa cultural. Era 1992 y se conmemoraban los 500 años del encuentro de España y América, y dentro de la programación cultural de ese año se inventaron el concierto "De Los Pueblos", con un cartel que integró a Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Pablo Milanés y por España, Joaquín Sabina. Me volví loco y es el mejor concierto en el que he estado, ni siquiera por el pésimo sonido del Coliseo El Campín, sino porque cantó todas esas odas y versos dedicados a los primeros amores. Buscamos la entrevista con él, pero fue imposible. El mánager no nos atendió. Claro, no éramos Caracol o El Tiempo. Pero por una amiga de El Espectador, Olga Lucía Martínez Ante, nos colamos en el antiguo Hilton, y llegamos hasta la habitación de Luis Eduardo Aute, otro poeta de aquellos. Y oh sorpresa: cuando nos recibió en el estar del cuarto, sentado en el sofá del fondo estaba, guitarra en mano, Sabina. Un vasito de whisky, papeles con versos, diarios, revistas y notas exudaban por las paredes. ¡Estaban compartiendo versos y haciendo música! Luego me enteré que harían parte del nuevo disco de Sabina, que salió con el nombre de Física y Química, como preparé para una entrevista posterior. Pero esa será otra historia.

Tan joven y tan viejo…Las novias llegaron y desde allí tengo la costumbre de ayudarme con su poesía para poder enamorarlas o echarles vainazos cuando se portan mal, ja. Pero más que ese uso banal si se quiere, su canto y sus letras también sirven para gritarle al mundo lo mal que anda, y cómo debemos navegar en medio del mismo, con mucho de nostalgia, de crítica mordaz, de enfermedad, como la que casi le quita la vida en 2001, y del primer documental que veremos, cuando superó su isquemia cerebral.

Tan joven y tan viejo…El segundo documental es Alivio de Luto, el primer álbum que sacó luego de volver de la muerte, como él mismo dijo. Ya no tiene la misma voz, el cigarrillo, alcohol y trasnocho, junto con la enfermedad la minaron: en fotos se ve gordo, ¡sí, Sabina gordo! Pero su energía se mantiene y entró en esa edad dorada del arte, donde se da lo mejor. Sabina, ojalá, para rato:

Casi se nos va:

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Alivio de luto:

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-Y una canción que refleja el hoy de Sabina:

Yo también sé jugarme la boca: