"Leer los diarios del Che me hizo doler la espalda": Gustavo Sierra

“Leer los diarios del Che me hizo doler la espalda”: Gustavo Sierra

Si la “ley de Murphy”, aquella relatividad popular que reza que, “cuando las cosas están mal son susceptibles de empeorar”, se cumpliera con exactitud matemática, el periodista argentino Gustavo Sierra hubiese rasgado las páginas del diario del Che Guevara, cuando fueron presentados hace semanas por el gobierno de Bolivia, y por primera vez, a la prensa internacional.

Por: Buque de Papel, Buenos Aires


Sierra asistió a una charla tipo rueda de prensa con los estudiantes de la Maestría de Periodismo de la UBA y habló sobre su oficio como cronista y enviado especial a conflictos tan lejanos en kilómetros, pero tan cercanos a la miseria humana y de la guerra, como Afganistán e Irak, sitio último donde además de perder amigos y colegas, se nota que extravió un poco de fe en este oficio, el del periodismo.


Dentro de la charla hubo también espacio para hablar sobre el video-reportaje publicado por el diario Clarín.com, acerca de los 40 años del asesinato del Che en Bolivia, un trabajo especial que combina imágenes, textos y sonidos, y que se pone a la altura de los actuales requerimientos de los grandes medios para quienes ejercen el periodismo, o que eso intentan, con los desafíos tecnológicos y del diario hacer en esta profesión. Aquí las respuestas de Sierra:


¿Cómo empezó lo de la travesía suya para reconstruir la definitiva del Che?


Conocí a Carlos “Calica” Jiménez, el compañero de su segundo y definitivo viaje de Ernesto “Che” Guevara hace dos años. No es el de los diarios de motocicleta, sino la travesía en la que Ernesto médico le dio paso a Ernesto el Che. En ese entonces ya pensaba en que me gustaría trabajar en un documental con Calica. Pero hace unos meses me llamaron en forma milagrosa para pedirme un trabajo por los 40 años de la muerte del Che y que tenía que ser diferente, y propuse reconstruir el viaje 54 años más tarde, junto con “Calica”.


Después fueron apareciendo situaciones, como la exposición de los diarios originales del Che, que reposan en la bóveda del Banco Central de Bolivia y que nunca se habían mostrado a la prensa internacional, y solo a investigadores e historiadores en siete ocasiones nada más.


La cuestión es que pude hacer el viaje y lo hice con mi cámara. Viajo a todos lados con ella y reconstruí todo ese viaje y después también fuimos a reelaborar las últimas horas del Che, y sus últimos días en Valle Grande, La Higuera, la Quebrada del Chulo, en Bolivia.


¿Cuánto tiempo ocupó en este trabajo?


Desde que fue pensado hasta que lo ejecuté habrán pasado dos meses. Lo hice en 15 días. Volví, lo escribí en 10 días más y se editó en otros 10. Entre tres y cuatro meses. Además elaboré tres suplementos para el diario, un especial para Clarín.com y dos notas para el noticiero de América 24, donde también trabajo.


¿Y falta algo por hacer?


Un documental y un libro de viaje, que tenga al Che como eje, pero que resuma otras cosas.


La verdad es que la figura del Che, por una cuestión generacional la tomo históricamente, y todas las figuras terminan siendo lavadas por el paso de los años. Lo del Che es un caso muy particular. Aquí en este país era imposible pronunciar su nombre 25 años atrás, y hoy mucha de la gente que lo prohibía se llena la boca nombrándolo. Por lo tanto a mí me parece que ya todo eso ha sido trillado.


Les cuento esto para que entiendan por dónde funciona esto de un proyecto, cómo lo vas haciendo, cómo hay lugares dónde se pueden hacer, otros dónde no. Funciones que se pueden ejecutar y otras que no.


Ese es el camino por el cual uno debería transitar para hacer los trabajos periodísticos que a uno le interesan. Por lo pronto, no hay organización del sector en el mundo que te permita todo esto, a menos que pongas tu propia empresa. 


Los periodistas somos los cronistas de la historia. Tener en sus manos los diarios del Che, ¿qué impresión le dejó como periodista y como ser humano?


Nunca fui guevarista ni mucho menos partidario de la figura lavada del Che que tenemos hoy. Sí tenía la dimensión de lo que tenía adelante: un documento histórico que por primera vez lo veía alguien de la prensa internacional. Un historiador suizo ya lo había hecho y otro pedido era de la embajada rusa porque un investigador trabajaba en su figura.


Calica estaba allí durante la presentación de los diarios y se sentía bastante emocionado.


Por mi parte temía que en cualquier momento decían “basta”, y tenía que filmar lo máximo posible y me acuerdo que me dolía muchísimo la espalda, debido a la tensión del momento, Y filmé durante dos horas absolutamente todo, desde que los trajeron y sacaron y guardaron. El corresponsal en la Paz, Pablo Stefanoni pasaba las hojas mientras grababa y el fotógrafo hacía lo suyo.


Había un silencio total. Nadie de los que estábamos allí, policías, funcionarios y demás dejamos de entender que ese era un momento importante, que era la historia viva. Después hasta firmamos un acta.


Como ser humano, pero en especial como periodista creo que esa experiencia reafirma algo que digo: que los periodistas, que ustedes deben luchar contra el cinismo. Después de unos cuantos años de ejercerlo aparece una cuestión cínica, de decir, “bah, una más”. 


Hay que exponerse emocionalmente ante las cosas, lo tienen que hacer, sé que es difícil y que hay que protegerse de alguna manera, pero no tengo ningún prurito en decir que escribí la crónica de la muerte del colega José Couso en el ataque al hotel Palestine en Bagdad, llorando horas (se le humedecieron los ojos); o que se me aflojan las piernas cuando muestran un documento histórico. También hay que ir a ver a la gente y escuchar. Nuestra profesión se basa en el escuchar. 

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