Por: Sandra Uribe y Carlos Álvarez. Buque de Papel, Buenos Aires. Fotos: Liliana Bustos y Buque de Papel. 11 de marzo 2008
Pero hacerlo, a partir de toda la literatura que entre el 40 y el 70 se elaboró en torno a la figura “del general” es para un argentino novelista, y curioso por las letras, como Edgardo Lois, una tarea inagotable, un ejercicio que lo ha marcado a fuego y que lo ayudó a ratificar que sobre Perón y su relación con la guerrilla “Montoneros”, hay más de un demonio que interfirió. Fue una lucha de poderes que hoy los argentinos no quieren reconocer, y queda mucho por escribir y abordar, afirma el autor.
Así que lo abordamos en las calles del Buenos Aires cambiante de clima de esta parte del año y por efectos del cambio climático, donde también nos habló de sus gustos, pasiones, obsesiones literarias, de su abuelo y padre, y cómo no, de confesarse seguidor de Independiente de Avellaneda, su equipo favorito de fútbol.
¿Por qué Perón, de nuevo, no es un tema agotado o falta mucho por abordar de ese enorme personaje argentino, latinoamericano y mundial?
No creo que el tema de Perón, Eva o el peronismo vaya a agotarse alguna vez. Diría que el peronismo atraviesa como besana la historia argentina. La verdad, o los posibles acercamientos a ella, todavía respiran con un costado en la sombra. Hoy siguen apareciendo pistas, testimonios, que van confirmando o descalificando fragmentos de nuestra historia reciente, a esto se suma la división de las aguas provocada por el movimiento peronista, y esas aguas siguen divididas: disputas, odios, miradas parciales y la imposibilidad de revisar los hechos por parte de muchos, de la mayoría, diría, de los que, por ejemplo, vivieron los años de Perón en el gobierno, en los 40 y los 50.
Está el antiperonista que nada positivo encuentra en aquello, y el peronista que enciende la vela para seguir en la religión a como dé lugar. Creo que ninguna de las dos posturas dice “la verdad”. En la novela digo que tanto uno como otro bando tienen miedo de revisar los hechos, porque sus vidas se construyeron sobre esas seguridades, luego, si reviso, si revisito ciertas cuestiones, puede parecer que la vida toda se tambalea, y entonces busco refugio, es más fácil, en mi verdad, como siempre, la mejor, ya que es la mía. Y con lo ocurrido luego del regreso de Perón en los 70, bueno, el juego sigue abierto sobre la mesa, muchos todavía callan, muchos hablan con sombra, todavía se tantean las palabras, más allá de la gran cantidad de material publicado; la historia ha sido vivida, pero todavía no fue escrita con todas las palabras.
La sombra de Perón gravita en todo argentino. ¿Esto no limita o condiciona su desarrollo, o probar otras alternativas? Lo digo porque de Perón se habla en la tertulia, en la política, en la literatura, en el cine, en el fútbol, en todo…
Perón es un tema ineludible en todos los órdenes de la vida de este país, estén a favor o en contra, se habla, y se vuelve a mirar hacia Perón y su marca. ¿Por qué?, porque sin duda hubo un antes y un después en la historia cuando, por ejemplo, el trabajador tuvo al fin derechos que debían ser respetados por los empleadores. Es imposible negar el establecimiento del estatuto del peón de campo, eso fue revolucionario; es imposible negar la ayuda que bajó hasta el pueblo más necesitado.
Y hubo un antes y un después cuando el mismo Perón volvió al país alentando el accionar de sus “formaciones especiales”, la más famosa: Montoneros, para después girar el volante hacia la derecha y dejar a los muchachos, los imberbes del 74 que se habían enfrentado a la dictadura con las armas en la mano, al costado del camino o siendo perseguidos, cazados por la derecha del movimiento, situación que fue un claro ensayo de lo que vendría luego de mano de los militares. Perón fue el único capaz de dominar su movimiento, esa extraña mezcla de derecha e izquierda, él dominaba, hacía política, creaba pases mágicos, mientras construía poder. Luego, sí, su sombra gravita y gravitará en nuestra historia; en cuanto a los caminos de análisis, de búsqueda, el juego de las posibilidades siempre está abierto.
Dice que su pretensión “no fue descubrir verdad alguna, sino simplemente escribir sobre lo que lee”, en este caso cinco años o más… ¿Esa relación sí existe en la literatura, es decir que quien lee mucho pude escribir bien, o es un sofisma?
Soy un lector y no tengo pretensión de pasar por descubridor de ninguna verdad histórica. Como lector me informo y hago mi composición, mi lectura, mi resumen de ficción histórica fundado en mi subjetividad. Pero nada más que eso, no soy historiador, sólo soy un hombre que lee y escribe, y como tal puede relatar una seguidilla de hechos que están recogidos en los varios libros consultados.
Escribí y leí durante cinco años para llegar al final de esta novela y tengo en claro hasta dónde puede haber llegado mi trabajo. Con relación a la literatura, al intento de escribirla, sí creo que es condición esencial la lectura, no digo que por ser un gran lector se llegue a escribir bien, pero sí sostengo que no hay posibilidad de ser un
“escritor” si no se es un buen lector. La lectura es fundacional, cualquiera que lea, en algún momento jugará con la idea de la escritura, claro, después viene el trabajo a conciencia, la búsqueda en la incertidumbre, porque como en todos los órdenes de la vida, uno no tiene manera de saber, ¿seré un escritor?, y, no sé, sentate y tratá de trabajar, la historia dirá o no. Ah, y no te olvides, el proceso, hay que tomarlo con calma, de lo contrario estás perdido. Escribir te lleva una vida.
Afirma que la novela es un recuento sobre lo leído acerca de la relación entre Perón y la cúpula Montonera ¿Por qué dice que no acepta los dos demonios con los que el sistema pretendió lavarse la cara? O las manos. ¿Quién era el único demonio?
En la novela hay un recorrido histórico principalmente enfocado al desarrollo de los grupos armados que, nacidos dentro del peronismo, lucharon por la vuelta de Perón de su exilio y porque los militares volvieran a sus cuarteles. La pelea era para terminar con la democracia vigilada y por una sociedad mejor. El acento está puesto en la relación entre Perón y la cúpula de la organización Montoneros, la más importante, y la que hizo posible el regreso del General; el espantajo de la revolución asustaba y el único que podía contener a la bestia era Perón, su creador.
La salida de los dos demonios, nacida en la vuelta a la democracia en los 80, pinta a dos grupos antagónicos. Vino el primero y pegó, la insurgencia armada, luego vinieron las fuerzas del orden y reprimieron. El segundo fue malo porque malo había sido el primero. Mientras tanto la gente miraba sin entender. A la hora de pensar en la primera sangre creo que se debería buscar en la que primero derramó el sistema, cómo se debería vivir para que en medio de una generación aparecieran ideas de cambio: cambiar el mundo existente por uno más justo, más solidario. Ahora bien, en ese momento histórico, ¿cuáles eran los caminos viables para alcanzar el ideal?, otra pregunta a contestar.
Contra esta gente se abatió la sombra de los que, a sueldo de los dueños del privilegio, no dudaron en secuestrar, matar, robar; empleados estos capaces de hasta llevarse niños para repartir como botín de guerra. Las motivaciones hacen la diferencia, no es lo mismo, y es un único demonio el que se abate sobre los hombres: el demonio de la desmemoria y la ignorancia, el que levanta las banderas de la muerte y la conveniencia, ese que medra entre los pliegues del abuso de poder. Antes de ocuparse del verdadero demonio, la dirigencia política de la sociedad ofreció una cómoda butaca para todo aquel que quisiera ver: sentate para contemplar cómo dos bichos malos se enfrentaban porque sí nomás.
¿Por qué Morir por Perón es una novela sobre libros, y por qué las bibliotecas perdieron su norte espiritual?
A lo largo de la novela se citan fragmentos de muchos libros, y muchos títulos de libros se van acomodando a través de los años, casi cuarenta años de historia literaria (1940-1978), podría decirse, y más, si sumo todo lo que se refiere a los libros editados en los alrededores del año 2000. Uno de los personajes de la novela, Inés Pagani, trabaja en una librería donde se compran y venden libros viejos. Ahí van a parar las bibliotecas de los muertos, ahí desaparecen las memorias completas de muchos hombres; el libro es memoria, las bibliotecas son memoria, por eso, ahí precisamente coloqué al comerciante salvaje, al demonio Teufelo que se abate sobre la memoria de la gente. Ese es mi demonio, representado por ejemplo en un comerciante nacido en la nefasta década del 90, con menemismo y mercado libre a pedir de boca.
¿Cree en la literatura a través del internet, o no?
Tengo algunos de mis libros editados como libros digitales, poseo un blog donde está mi historial de escritura, es una especie de tarjeta de presentación extendida, hay textos míos dando vueltas en varios lugares. Hoy no se puede descartar una herramienta de difusión como lo es internet, pero no creo, hoy, que sea “el camino” en donde encontrar o donde trabajar en la búsqueda creativa de la literatura. No sé mañana, hoy me parece más una moda adoptada por determinados grupos; no digo ignorar el espacio, pero tampoco creo que la literatura se consiga entre la maraña de blogs y páginas web que muchas veces no son más que desprendimientos del ego del escritor.
El norte del trabajo de la escritura sigue estando en la labor cotidiana, en calma, sin preocuparse a qué generación pertenecemos, barajando caminos diversos que muchas veces exigen tiempo y reflexión, algo bastante lejano al inmediatismo de mucho de lo que cae dentro de la red.
Edgardo, ¿usted es feliz contando historias?
Mucho, la escritura, y antes la lectura, es una invitación a la felicidad. Sé que hay escritores que sufren a la hora del trabajo, no es mi caso, sea sobre el papel en el café, o sobre la computadora en mi casa, la tarea es siempre placentera. La cantidad de sensaciones, de juegos, de búsquedas y descubrimientos, que se dan en el “mientras tanto” de la escritura es, te diría, mucho más fuerte que el momento de ver tu trabajo en letra de molde e impreso, y ese es un momento para no despreciar. Cada vez que pongo un punto final a una historia, es inevitable que llore, de felicidad por el trabajo realizado, por la experiencia de vida.
Podría escribir un libro con lo vivido durante los cinco años de escritura de Morir por Perón, es una maravilla que hay que disfrutar, y ese disfrute aparece cuando a la escritura se le da el tiempo que pide, no creo en el apuro, lo inmediato está bien para textos periodísticos, ahí está justificado, ahora, cuando uno busca acercarse a la literatura, hace falta el tiempo y sí, en determinados momentos, pisar a fondo el acelerador; esa manera de hacer la aprendí de mis dos maestros: del novelista Gabriel Montergous aprendí a saber de la calma, del poeta Hugo Ditaranto tomé los toques al acelerador. Tuve suerte de cruzarme con ellos, sin saberlo, ellos me estaban abriendo el camino al placer, luego vino la composición personal y por último estar atento a la mejor literatura, la que crece en las calles.
¿Sus abuelos o padres le contaban cuentos para dormir?, ¿cuáles?
No, o si sucedía no lo recuerdo, sé que parece extraño, pero hay muchas cosas que ya se fueron de mi memoria; sí me queda claro que en cuanto aprendí a leer mi papá me empezó a regalar libros, y ahí creo que comenzó el proceso: Las aventuras de Tom Sawyer, Colmillo Blanco... Además tuve la suerte de abrir los ojos en una casa con dos bibliotecas, la única herencia posible, y que mi abuelo paterno, Julio Martín, escribiera poesía. Pensar que él nunca fue a la escuela y yo, de chico, lo veía llegar blanco en canas trayendo su poesía para que mi papá la leyera y guardara. De chico yo afirmaba que iba a ser poeta como el abuelo, bueno, poeta no fui, pero algo es algo.
¿Cuáles son sus influencias literarias?
Lo mío es el caos, siempre fui un lector caótico, además trabajé diez años siendo librero o tratando de serlo, y en esa época salí disparado en muchas direcciones. Si tengo que arrimar alguna definición sobre mi paladar, alguna pista que pueda servir para ubicarme en esencia dentro de la literatura, diría que me maravilla Borges cuando la idea, pero que elijo la pulsión, la fuerza, de Onetti para esta vida y mi escritura. Después tengo las lecturas más o menos comunes a todo aquel que escribe o que le gusta leer, pero sí quisiera nombrar a escritores que admiro y que no pertenecen al circuito comercial establecido por las grandes editoriales, en prosa: Gabriel Montergous, Mónica López Ocón; en poesía: Rubén Derlis, Marcos Silber, Leopoldo “Teuco” Castilla, Hugo Ditaranto, Nira Etchenique, David Álvarez Morgade.
¿Cuánto tiempo lleva escribiendo y qué tiene en el horno (literario, claro)
Jugué a escribir cerca de los diez años, allá por los días finales del abuelo
Julio. Luego hubo un arranque cuando salí del servicio militar obligatorio. Por último, alrededor del año noventa comencé con el
“desmierdado” (sacarse la mierda) constante, es decir, trabajar sin interrupción para ir limpiando las impurezas; si se tiene suerte y se está decidido, el intento da sus frutos, por eso es que hoy puedo, con mayor o menor acierto, contar una historia. En estos momentos estoy escribiendo una nueva historia, ya tiene título:
Miedo de almanaque, y me gusta mucho. Tengo listo un nuevo libro, textos cortos, hay varios en el blog, que lleva el título
En sepia (Anotaciones de días nublados), que ojalá vea la luz por Literaria ediciones hacia mitad de año. Después mi actividad se completa con una nota mensual en el periódico Desde Boedo, sobre temas que generalmente tienen que ver con la ciudad y la literatura.
¿Hincha de…?
El abuelo poeta, mi viejo artista plástico (Rolando), mi hermano ilustrador y escritor (Alejandro) y yo: todos de Independiente de Avellaneda.
Las pugnas actuales entre sistemas, es decir, un romántico socialismo y sindicalismo que aún subsiste con relativa fuerza en Argentina, y el neoliberalismo, ¿hacia dónde desembocarán?
Francamente no sé en qué terminará la historia, parece una de esas novelas de final abierto; este país, la mayoría de las veces, respira en el caos, pero creo que por sobre las cuestiones propias de cada región, hoy, más que nunca flota la mugre de la globalización. Se globalizaron las miserias, como le conviene a los dueños del planeta; claro, te dicen que hoy estamos informados, conectados, pero poco es lo que tenemos para decir, ahora mismo podés entrar a yahoo y opinar sobre cualquier estupidez.
Por estas tierras hay más gente que flota a la deriva en medio del viento que aquellos a los que todavía les queda una idea, así que no sé decirte en qué zanja terminaremos, digo que el final de la novela es abierto porque uno está vivo y entonces ahí la esperanza, pero creo que no paramos hasta el fondo de una zanja, habrá que esperar para saber su tamaño.
¿Cree que Mauricio Macri reorganizará a Buenos Aires?
Este señor es un empresario, y la historia argentina es la prueba de que nunca deberías confiar en que un empresario haga algo diferente a llenarse los bolsillos. Pero la memoria es flaca y entonces se vota un Macri, además de que la mayoría de los habitantes de Buenos Aires se pintan la cara de progresistas y democráticos, pero en el fondo son fascistas encubiertos. Si Macri y la mayoría de los habitantes de esta ciudad pudieran, no quedaría un pobre a la vista, no quedaría uno juntando cartón y comida de la basura (y no porque en ellos esté la idea de que todos tengamos una vida decente y libre de humillaciones), sino porque lo feo no debe verse, como hicieron los militares, y después, bueno, a seguir haciendo negocios, ahora desde el gobierno de la ciudad y mañana desde la presidencia de la nación, porque te digo algo, Macri es educado, usa saco y corbata y se debe bañar todos los días, bueno, con eso, es potable para muchísima gente en este país.
¿Usted es de los porteños, e incluso demás argentinos de provincia que creen en que las crisis de su país son cíclicas, en promedio cada siete años?
Acá la crisis no es cíclica, es crisis constante, y la comprobás saliendo a la calle a todo momento, informándote, y todo depende de quién, en determinado momento, esté haciendo negocios por sobre los bolsillos ansiosos de los otros grupos de poder, en el medio de la sopa todavía hay peronistas, radicales, la multitud (por las fracturas) de la izquierda, y algunos agitados más que no saben dónde ubicarse para ganar unos pesos.
Finalmente, ¿cree, como en la película de Ricardo Darín, La Señal, “que para hablar de Perón, toca lavarse la boca”?
No, no lo creo, y ya que nombrás la película, ese detalle es de lo poco que hay en la misma sobre la Argentina. Es un acierto del guión haber ilustrado la tensión entre peronismo y antiperonismo de esos años. Uno de los personajes dice:
“Hay que ser hijo de puta para ponerle Juan Domingo a un enano”, y en otro momento, cuando la muerte de
Eva, se percibe el duelo sincero de muchísima gente, de los pobres, se entiende. Luego, creo que a
La Señal, le faltó eso, la señal de que era una película argentina; yo buscaba a
Bogart y no estaba, entonces no entendí por qué hacer una película tan pegada, y de menor calidad, al policial negro norteamericano. Aclaro que la palabrita que salva en estos días a tanto creador de
‘telgopor’: ‘homenaje’, no me alcanza ni para empezar.