Por: Edgardo Lois, Escritor, Especial para Buque de Papel, Buenos Aires. 11 de diciembre 2011
Habla de la misma manera como hace fotografía. Está cómodo en la vereda del Cao, aunque su hábitat natural sea la vereda del café Margot, a escasa media cuadra de su casa.
Pregunta o consulta obligada:
La fotografía, ¿qué pensás de la susodicha?
Eduardo encendió un nuevo cigarrillo, se puso todavía más serio (Noriega es un tipo serio) y contestó:
La fotografía puede ser un medio de expresión artística o no, como tantos otros asuntos, podés hacer fotos para publicidad, sacarle la foto al bebe, podés hacer fotos de las vacaciones, y si te parece podés tratar de hacer fotos como medio de expresión, ser algo así como un pintor que pinta paredes y cuadros. La obra de arte me parece un poco inasible, ¿qué es una obra de arte?, pensá que la obra se completa con el espectador, y es más ¿cuándo es una obra de arte?, se la reconoce a través del tiempo, pero la cuestión de siempre es hasta dónde llega el espectador al contemplarla.
Creo cada vez menos en la inteligencia, y sí en los sentimientos y en los sentidos, valores naturales que tiran muchas barreras abajo, principalmente intelectuales; intento hacer fotografía en ese sentido, no me gusta pensar cuando hago la foto, no me gusta trabajar sobre ensayos, me gusta que la imagen me sorprenda y me produzca algo, eso en principio. Si es así vale la pena hacer la foto, después se verá si es buena o no; luego debe pasar por mi tamiz, decido si la muestro o no, porque le debo respeto al público. La fotografía es una conexión entre el público y el fotógrafo, y es una relación que debe cuidarse.
Ante la consulta sobre el estado de salud de la fotografía en este tiempo de velocidades, Noriega contestó con varios clics rápidos:
La fotografía ha evolucionado mucho técnicamente, pero no sé hasta qué punto ha evolucionado desde lo estético; para tratar de acercarse al arte, nada mejor que ser lo más auténtico posible, si hay autenticidad uno se puede conectar con su tiempo, ahora que si se sigue alguna moda, la cosa es distinta; hoy se estila bastante, es el camino fácil, pero el desafío está en romper con el paisaje bonito, el desafío es fotografiar y no caer en la obviedad de los paisajes, romper con lo previsible y agregarle algo, tu mirada. La máquina es la herramienta, las modas desaparecen, y los fotógrafos que sí hacen historia son los que tienen personalidad, los que son únicos: los que son ellos mismos.
A mí nunca me interesó la tendencia, no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, hago fotos de lo que considero mío, la fotografía es una especie de proyección, salgo y me llevo la imagen que me atrae, después decido qué hago con ella, después veo si tengo la posibilidad de llegar con ella a los demás.
La fotografía es tan objetiva que es una complicación, y lo que hay que sortear es esa objetividad para ponerle subjetividad, hay recursos: enfoques, encuadres, etc., o sea una parte técnica y nuestro interior. Fotografío para mí, prueba y error permanente buscando que la imagen me represente.
La fotografía es una especie de certificado de la realidad, como dice Roland Barthes:
“Esto ha sido”, no admito intervención en la esencia de la foto, la foto es certificación y memoria, el clic es principio y final.
Barthes dice que el clic es el sonido de la muerte, es lo que fue y que ya no podrá ser.
Segundo café cuando el fotógrafo de Boedo nombró al maestro:
Sacar fotografías es una necesidad, empecé a los catorce años, hice muchas fotografías tontas tratando de hacer lindos registros, hasta que después decidí perfeccionar la técnica, fue así como hice un curso con quien fue mi maestro: Eduardo Gil, que me llevó a entender que la fotografía podía ir muchísimo más lejos del registro bonito, correcto. A partir de ahí inicié mi trabajo de búsqueda, que es ante todo interno. Nadie puede fotografiar más allá de lo que tiene adentro; podés aprender a perfeccionarte, pero siempre para mostrar el contenido de quien fotografía.
Eduardo Noriega declara que para él la duda es la base de todo:
En el trabajo es indispensable.
No cree en absolutos, adhiere a la sintonía de lo relativo:
Siempre hay que ver desde dónde se mira, desde dónde se piensa, hay que tener en cuenta el entorno antes de poner el título.
La obra de Noriega es la de un fotógrafo urbano, se lo digo, y la respuesta se graba en la esquina de Matheu e Independencia:
Sí, me lo han dicho, pero en mí no hay una intención, sí, hay muchas fotos de ciudad, pero no sé si hay un interés en la gente, hay un interés en la imagen, no es que la gente no me interese, pero primero es la imagen, puede haber gente o no, busco imágenes que retraten mi universo, aquello que me moviliza, pero la estética es la primera invitada.
A continuación el pescador frente a su laguna:
Muchas veces sucede que primero busco un escenario, me puedo pasar una semana esperando a que suceda algo en el escenario elegido, saco muchas fotos y encuentro cosas, me gusta trabajar con el escenario, sí, es una especie de trampera, en realidad somos pescadores con caña y cordeles; también crucé Corrientes a la carrera porque en un segundo se me ocurrió una foto que podía suceder en el instante siguiente, corrí y disparé, es otra manera, y ahí el azar es fundamental, bueno, siempre lo es en fotografía, porque podés esperar y calcular todo lo que quieras, aprestar tus herramientas, tomar la decisión, pero el azar puede colocar lo suyo, el azar te puede ocultar o puede incorporar elementos. Por eso está la repetición, hay que tener mucha soberbia para hacer un solo disparo y guardar la cámara, se intenta la corrección en los disparos sucesivos, una manera de buscar la victoria.
Una declaración de principios:
En fotografía todo es válido mientras no se altere el registro de la realidad, es mi manera de entender, de sentir la fotografía; cada uno debe establecer sus límites, su filosofía; para mí el clic debe encerrar una muestra de la realidad, lo que está ahí existió, y esto más allá de la interpretación que después le quieras dar.
Mientras enciende un nuevo cigarrillo afirma:
Mi pasión es la fotografía, siempre viví en ella, siempre me sentí fotógrafo por más que muchas veces las otras cuestiones de la vida me hayan podido correr de mi foco.
Consulto por su labor docente en los cursos que ha dictado:
La docencia me gusta, creo que puedo transmitir la pasión, no soy un técnico, no soy un filósofo, pero tengo algo para contar, me gusta el misterio de la fotografía, los secretos del laboratorio.
Eduardo Noriega dice ser muy consciente de la presencia de la muerte:
Siempre la tengo presente.
Algunos le dicen que es depresivo, pero él responde que no es así, que es al revés, porque ahí están sus proyectos y ahí su camino entre las relatividades de estos tiempos.
Eduardo asegura que hay mucha gente que no tiene presente que se va a morir y que la muerte es parte de la vida.