Por: Lucas Jiménez, especial Calle del Orco. Buque de Papel. Buenos Aire, Argentina. X: @lucasjimenez88
En la puerta del conventillo más conocido de Villa Maipú se va formando la ronda. Las conversaciones decantan en anécdotas, recuerdos de la persona a la que están despidiendo adentro.
Al costado de la realidad del asfalto, las redes sociales se empiezan a hacer eco de la noticia. “Murió Muchinga, el histórico líder de la barra de Chacarita”. Algunos medios partidarios colocan fotos de despedida. No tardan en acumularse los primeros mensajes de repudio de gente que no lo conocía. Más rápido y contundente irrumpen las historias, algunas de las cuales reproducen los muchachos que visten camperones y conversan en la realidad verdadera. En la misma línea, pero atrás de un teclado alguien escribe: “Gracias x todo lo que diste a Chaca. Gracias por hacer hinchas a muchos pibes cuando estábamos en la C en el 81”.
Doce años después de salir campeón de Primera, Chacarita descendió a la C. Los hinchas que estuvieron poniendo el pecho para levantar a un club en ruinas, se ganaron el respeto para siempre. Munchi o Cascarita, como le decían algunos, era el primero en pasar con carretillas para sacar la basura que había debajo de las tribunas. Lo trataban de loco y respondía que la cancha tenía que estar linda. Los fue convenciendo para que se sumen a la reconstrucción y juntó manos para pintar arcos y vestuarios. Todo a pulmón. Unidos. Organizados. Por amor al club.
De locos y arqueros
El arquero es un poco loco. Como a los abogados que les dicen doctor sin verificar si tienen un doctorado, a los arqueros el apodo les viene pegado al oficio, por más que no porten niveles de locura en sangre. Javier Milei apareció en 1984 en un Chacarita que subía y bajaba de categoría. Era un joven arquero de 14 años que venía del Colegio Cardenal Copello de Villa Devoto. Demasiado rubio para el fútbol de ascenso. Con el nivel justo de inconsciencia para revolcarse en el pasto. En 1985 había salido la segunda película de Rambo. Milei lo intentaba imitar en la preparación física y atajaba con una euforia desmedida.
Milei tajando amateur y en campaña en Chaca
Sus compañeros de la época cuentan que toda la locura que mostraba en el arco no la trasladaba afuera de la cancha. Que era muy introvertido y callado. Recién volvieron a verlo transformado cuando apareció a los gritos en la tele opinando sobre economía. Como si el arco y un estudio de televisión fueran focos similares. Donde el arquero y el conductor están de frente a cámara haciendo locuras para atraer la atención. A sus espaldas suceden cosas. La vida, la realidad. La hinchada detrás del alambrado.
Subidos al paravalanchas, los capos de las barras miran el partido de espaldas, así les crecen ojos en la nuca, suele decir Andrés Ducatenzeiler, El Duka. Están de frente a los suyos. Casi que están espalda con espalda con el arquero, que no ve lo que pasa en la tribuna. “Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos”, cantaba en 1987 Luca Prodan, hincha de Chaca.
Muchinga arrancó la década del 80 juntando escombros en el club y se terminó de hacer conocido en 1983. Chaca jugaba la final de vuelta por el ascenso a Primera contra Los Andes, en Lomas de Zamora. La barra local, cuando quedaba poco tiempo y le faltaban dos goles para dar vuelta el resultado global, invadió la cancha para agredir y robarles la ropa a los jugadores de Chacarita. La barra visitante rompió el alambrado y fue a defender a los suyos. En las imágenes televisivas se lo ve a Muchinga en cuero, con la remera en la mano, de frente a la tribuna de Los Andes, esquivando piedras como Matrix. Moviendo las manos como un arquero tratando de amedrentar al pateador de un penal. Invitándolos a que vayan a pelear.
La escena terminó con la policía montada a caballos pegando “como los gauchos de Güemes”, describió el relator televisivo. Era el
último año de la dictadura y el periodista quiso dejar en claro que la policía había sido culpable de los hechos por no prevenir a tiempo. Hasta la voz del estadio les decía que no le tiren gases a la gente. La ligaron jugadores, barras y periodistas. Mientras Muchinga era el nuevo ídolo de los quemados, se retiraba para siempre del periodismo deportivo Nelson Castro, tras haber sufrido la represión en el campo de juego.
Castro es médico y regala diagnósticos en su rol de analista. Dijo que Milei tiene “Síndrome de Hubrís”, un trastorno psiquiátrico que afecta a personas en posiciones de poder. “Cree que todo lo que él piensa está bien y hace una descalificación del pensamiento diverso”.
En plena campaña presidencial, fue un furor de ventas el libro del periodista Juan Luis González El Loco. La vida desconocida de Javier Milei. Una locura que tomó cauce en la arena política después de aquel inicio en el fútbol. Etapa que terminó cuando ya entrenaba, a veces, con la primera. El clic lo hizo una vez que, en plena hiperinflación del gobierno de Raúl Alfonsín, fue al supermercado con su mamá y lo impactaron los cambios de precios. Se volcó de lleno a su carrera de economista y la primera columna que escribió fue sobre eso.
De su paso por el fútbol le quedaron dos partidos contra River en los que la rompió, quizás motivado por ser hincha de Boca. En 1986 fue un año a San Lorenzo a prueba. Como no quedó, volvió al Funebrero. Hay versiones que indican que el empresario automotor Beto Milei, el padre de Javier, colaboraba poniendo plata en el club. Dicen que les conseguía pasajes en la línea 21 para que viajaran algunos juveniles. Milei cuenta que su última visita al club fue en 1989, yendo a acompañar a su padre que había hecho un acuerdo económico con las autoridades del club para mejorar las instalaciones.
El final de la década del 80 trajo cambios en la cúpula de la hinchada de Chacarita. Los líderes habían acompañado al sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, quien luego fue presidente del club, en la campaña para que Carlos Saúl Menem, entonces gobernador de La Rioja, ganara la interna justicialista contra Antonio Cafiero y fuera el candidato a presidente. En junio de 1988, por primera vez se hizo un acto de cierre de campaña de una interna partidaria en un estadio. Fue un acto multitudinario en River. De San Martín salieron micros que eran supervisados por Barrionuevo para que estuvieran llenos. Con el triunfo de Menem, los que ayudaron al ganador pasaron a ser útiles en el campo de la política y el sindicalismo. Así quedó Muchinga, de la década del 90 en adelante, como el nuevo líder de la hinchada.
En 2023 Barrionuevo formó parte del armado de la campaña presidencial de Milei. Llevó micros y gente de Chaca al acto de cierre de campaña realizado en el Movistar Arena, en Buenos Aires. Ante las cámaras de Crónica los muchachos de la hinchada con chalecos de la Uthgra (Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos) se ocuparon de gritar dos cosas: “Aguante Massa y Aguante Chacarita”. A metros del estadio de su clásico Atlanta y en medio de los libertarios. Acostumbrados a poner el pecho de visitante.
En las últimas elecciones presidenciales el León Milei iba contra el Tigre Massa. Pero no hubo menciones del libertario con guiños para la gente de Chaca cuando le ganó por casi 12 puntos, no en San Martín, donde perdió por 4. Ofreció mucha plata para alquilar la cancha del Funebrero pero se la negaron. Volvió al club en 2021 para una nota con el medio partidario Aquí Chacarita. Atajó un penal y se sacó la foto que circula a un clic de Google. Está parado como para dar un discurso en un estadio sin gente. De espaldas a la tribuna.
En su primer año como presidente Javier Milei sigue con la cruzada para que los clubes tengan la opción de ser Sociedades Anónimas Deportivas. Chacarita ya hizo pública su postura oficial posicionándose en contra.
Barras bravas en la política
Lejos de la promesa de grandes inversiones que todavía no llegan, la gente sufre el brutal ajuste del gobierno de Milei. El fútbol sigue siendo un espacio de resistencia. En mayo del año pasado falleció Muchinga. Por el conventillo de Villa Maipú donde vivía, se acercó Rafa Di Zeo, de La 12 (de Boca Juniors), el Negro Fiorucci, histórico líder de la barra de Tigre, y otros barras de clubes del ascenso. Los que no pudieron viajar mandaron coronas: San Martín de Tucumán, Instituto, Belgrano de Córdoba, San Pablo y Colo-Colo.
En un país con el peronismo despedazado repartiendo culpas, la tarde de Villa Maipú dejó una imagen de unidad. La Famosa Banda de San Martín y Somos Familia dejaron de pelear la interna de la barra de Chaca para llorar juntos a Muchinga. En la vereda la ronda de anécdotas lo mantuvo vivo. Con un celular en la mano un hincha escupió la milonga que los trajo acá. “Cuando leo los comentarios críticos a Muchinga y a los pibes jugadores de Chaca, me parece estar rodeados de gorilas que quieren ser hinchas del Bayern Munich”.
En un país donde los jubilados se juntan todos los miércoles en el Congreso para reclamar por el recorte de las jubilaciones y la cobertura de medicamentos, muchos hinchas de Chacarita se organizaron para acompañarlos con su camiseta del Funebrero y ponerles el pecho a los palazos. Movida que fue replicada una semana después por otros equipos.
El presidente de la Nación sigue en su mundo virtual de X, donde ha llegado a escribir que el Manchester City quiere comprar a un club grande de Argentina. Se vive como se juega. De frente a la calle. O como los arqueros que pasan a la política. Sin guantes en la mano, siguen parados de espaldas a la gente.